Ahmad y Nevin se miran acaramelados y reprimen su frustración cuando muestran la invitación a su boda, que debía haberse celebrado el sábado pasado y que frustró la irrupción de la ofensiva israelí contra la franja de Gaza.

"Estaba probándome el traje de boda cuando supe que habían asesinado a Mohamed Yabari. Ahí empezó el susto. Al principio no creí que habría que cancelarla, pero cuando siguieron los bombardeos toda la noche supe que se acabó", se lamenta Nevin, la novia.

Los novios y sus familias tenían ya todo preparado: alquilado el salón de fiestas Royal Plaza en la playa de Gaza, enviadas las invitaciones a 400 personas, envueltos los regalos para los invitados (una pequeña vasija con caramelos): todo previsto para el sábado a las cinco de la tarde. Una convocatoria que nunca llegó.

"Tuvimos que llamar a todos los invitados uno a uno. No sabemos cuánto nos va a costar el aplazamiento, somos una familia humilde", dice Ahmed, de 26 años y trabajador de la construcción en paro que lleva seis años ahorrando lo que saca con trabajos temporales y chapuzas para casarse con su prima, Nevin "la mujer más guapa del mundo y la más comprensiva" con él.

Pese al fastidio que les ha ocasionado alterar sus planes, ambos son conscientes de que eso no es nada en comparación con el drama que vive Gaza.

La frustrada novia veinteañera explica: "Estaba ilusionada, como cualquier chica, por empezar una nueva vida y formar una familia, mi sueño se iba a hacer realidad", pero añade de inmediato que "el drama que vive Gaza es grande y teníamos que vivirlo con los demás".

No podían celebrar su alegría mientras cientos de bombas israelíes llueven sobre su tierra, sostiene la novia.

"Sentí una enorme rabia e impotencia, era mi gran día, mi gran fiesta, pero (el aplazamiento de la boda) ha sido por una causa mayor", dice.

Nos muestra el provocador vestido rojo que había comprado para la fiesta, fotografías del vestido de novia con corpiño que le espera en la tienda y un modelo del peinado que había elegido con toda la ilusión.

El padre de Ahmed y tío de Nevin recuerda que una boda "es un acontecimiento importantísimo en la vida de un joven palestino" y cuenta que, el día en que tenía que haber sido desposada, "la novia lloró por dos motivos: por perder su noche especial, que esperaba desde hace mucho tiempo, y por el miedo a las bombas que no dejaban de caer".

Ahmed asegura que "desde hace seis años y hasta este momento" sueña con compartir su vida y su casa con Nevin, un sueño que los horrores de la guerra han alejado un poco más.

Pese a las difíciles circunstancias en las que viven, los novios no tiran la toalla aún: "Espero poder celebrar la boda pronto. Todo depende de cuándo llegue la tregua, tenemos que esperar a que pase el peligro y, también un período de luto para ir a casa de los mártires a dar el pésame a sus familiares", asegura el joven antes de afirmar que "Gaza es una gran familia".

Desde que Israel empezó la operación "Pilar Defensivo" contra Gaza, en la franja palestina han muerto más de 130 personas y resultado heridas más de un millar, el setenta por ciento civiles.

El fuego ha paralizado la vida en la franja. Las tiendas no abren (excepto algunas de comestibles), los colegios están cerrados, las celebraciones se han suspendido. La mayor parte de familias no sale de sus casas, ni coge el coche y evita todos los movimientos que no sean imprescindibles.

Si pudiera pedir deseos, confiesa Ahmed, elegiría tres: el primero, que paren las muertes en Gaza; el segundo, que el mundo conozca lo que está sucediendo aquí y el tercero, poder casarse con su amada.

Ante el mal humor y la tristeza de los jóvenes, Shaia Awad, madre del novio, les anima diciendo que pronto podrán casarse y bromea con la permanencia forzosa de su hijo en casa diciendo: "Lo tenemos que aguantar antes de casado y también después".