Una revolución femenina está socavando la hegemonía de los hombres en las órdenes monacales budistas en Tailandia, aunque la jerarquía oficial se resiste a aceptar a las congregaciones de monjas, o "bhikkhunis".

En los últimos años, un grupo de monjas pioneras han revivido en Tailandia la tradición monástica de mujeres iniciada por Buda hace más de 2.500 años con pequeñas comunidades que tienen un creciente apoyo popular.

Mientras que las órdenes monásticas femeninas tuvieron continuidad en los países de la escuela budista Mahayana, como China o Taiwán, en la rama Theravada, predominante en Sri Lanka, Birmania (Myanmar) o Tailandia, desapareció hace siglos.

"Yo diría que el hecho de que Buda ordenara a mujeres quiere decir que, para mostrarle respeto, deberíamos revivir la ordenación femenina", explica a Efe la tailandesa Chatsumarn Kabilsingh, que adoptó el nombre Dhammananda tras su ordenación como bhikkhuni hace nueve años en Sri Lanka.

Dhammananda, la primera monja Theravada en Tailandia, se encontró a la vuelta a su país con el rechazo generalizado, pero a lo largo de los años ha ganado simpatizantes.

La jerarquía, o "sangha", budista tailandesa se opone oficialmente a reconocer a su congregación, aunque su autoridad ejerce menos control sobre los creyentes que en la confesión islámica o cristiana.

"Si seguimos haciendo las cosas bien, tardará tiempo, pero eventualmente llegaremos allí (al reconocimiento oficial)", afirma Dhammananda, con la cabeza y las cejas rapadas y vestida con una túnica azafrán, al igual que los monjes, o "bhikkhus".

Actualmente, una docena monjas viven de forma permanente en el monasterio Songdhammakalyani, situado a una hora por carretera de Bangkok y fundado hace cuatro décadas por la madre de Dhammananda, Voramai, que también fue pionera al ser la primera tailandesa ordenada según el ritual Mahayana.

Songdhammakalyani cumple las funciones de cualquier templo, pero no puede llamarse así porque la ley, condicionada por la "sangha", todavía no se lo permite.

Aun así, las monjas salen a recoger las ofrendas de comida al despuntar el alba, como los religiosos budistas, organizan ceremonias y recitan las oraciones en pali en los días festivos a las que acuden hombres y mujeres laicos.

"Me parecen bien lo que hacen. Yo vengo a acompañar a mi madre, quien las apoya desde hace años. No nos importa que no sean reconocidas por la 'sangha'", dice un creyente al salir de una ceremonia con las "bhikkhunis".

El monasterio también acoge a las monjas de ordenación inferior o "mae chi", que visten de blanco, siguen un número menor de preceptos y no tienen permitido oficiar ceremonias.

La "sangha" y gran parte de los monjes rechazan las órdenes femeninas porque, según ellos, la tradición nunca ha existido en la corriente Theravada ni en Tailandia (o los reinos que ocupan actualmente la nación asiática).

Sin embargo, Dhammananda defiende que hay testimonios históricos claros sobre la existencia de "bhikkhunis" en Sri Lanka y desde los tiempos del propio Buda, que estableció cuatro pilares: "bhikkhus", "bhikkhunis", laicos y laicas.

"Buda fue el primer líder religioso en reconocer que las mujeres podían tener las mismas virtudes del hombre y, por tanto, alcanzar el "nibbana" (nirvana) en una época en la que se pensaba que las mujeres no podían ser puras espiritualmente", relata la abadesa.

Cinco años después de ordenar a los primeros monjes, Buda ordenó a su madrina y tía, y a otras 500 mujeres como "bhikkhunis".

No obstante, la igualdad no es completa porque la orden masculina nació un lustro antes y, según los tratados budistas, las monjas deben mostrar respeto por sus colegas masculinos, aunque "sea más joven y con menos experiencia", apunta Dhammananda.

En cualquier caso, la "bhikkhuni" está satisfecha con los avances conseguidos en los últimos años y que se traduce en 40 monjas en varios monasterios repartidos en distintas provincias de Tailandia.

Como ella misma escribió en una poema hace unos años: "Yo sólo soy una pequeña grieta en el muro; el muro del patriarcado; en el muro de la jerarquía; en el muro de la injusticia. De pronto habrá más grietas y algún día el muro caerá".