Sindicatos opuestos a la presidenta Cristina Fernández realizaban el martes un paro nacional de 24 horas en reclamo de mejoras en los ingresos de los trabajadores y de cambios en la política económica.

Los principales convocantes de la protesta son el ala crítica de la Confederación General del Trabajo (CGT) y el sector más combativo de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), cuyo enfrentamiento con la mandataria ha aumentado en los últimos tiempos. Los huelguistas dijeron que la adhesión al paro era muy alta en distintos puntos del país.

Uno de sus mayores reclamos es que el gobierno aumente el mínimo no imponible del llamado impuesto a las ganancias, que implica un recorte mensual en el salario de los trabajadores, en un escenario de inflación cercana al 25% para este año según cálculos de economistas privados, más del doble de lo que estima el gobierno.

En la actualidad los trabajadores que pagan ganancias son los solteros con sueldos a partir de los 5.782 pesos (1.207 dólares) y los casados que superan los 8.000 pesos (1.679 dólares) mensuales.

El paro era cumplido principalmente por los transportistas de mercancías, los recolectores de basura, los peones rurales y los empleados públicos y bancarios. La huelga se percibía de forma desigual en el transporte público. En el aeropuerto de la capital decenas de vuelos domésticos y algunos regionales fueron cancelados.

En el centro de Buenos Aires había muchos negocios y restaurantes cerrados y menor cantidad de vehículos circulando. Los autobuses transportaban muchos menos pasajeros que en los días hábiles. En tanto, miles de habitantes de las localidades que circundan la capital no pudieron trasladarse a la ciudad ya que la mayoría de las líneas ferroviarias se encontraban paralizadas. Sin embargo, la mayoría de las líneas del tren subterráneo funcionaban.

A su vez, sindicalistas y manifestantes de izquierda interrumpían desde las primeras horas del día el tráfico en algunas avenidas de la capital y en carreteras que unen la capital con localidades de los alrededores.

Los huelguistas están encabezados por Hugo Moyano, líder de la CGT disidente, y Pablo Micheli, de la CTA combativa.

El secretario adjunto del sindicato de los camioneros, Pablo Moyano --hijo del líder sindicalista--, afirmó a periodistas que la adhesión al paro "ha superado las expectativas" de los organizadores. El secretario general del sindicato de empleados judiciales, Julio Piumato, se preguntó en tanto si el gobierno continuará encerrado en su "relato mágico" o "este baño de realidad le permitirá reflexionar y asimilar el mensaje del pueblo argentino".

La presidenta, del ala izquierdista del peronismo, hizo un llamado vía Facebook a los trabajadores a realizar "un gran ejercicio de responsabilidad en la defensa del proyecto político que generó más de 5 millones y medio de puestos de trabajo". En los últimos días el gobierno ha considerado la protesta desproporcionada e injustificada.

"¿Alguien quiere volver a esa Argentina o a esa forma de acumulación que es pan para unos pocos hoy y hambre para todos mañana?", se preguntó la mandataria.

El ministro del Interior, Florencio Randazzo, cuestionó por su parte las agresiones que sufrieron trabajadores y comercios que quisieron operar. "Han cortado vías, han apedreado micros (autobuses). Esto está lejos incluso de aquellos que pueden compartir algún reclamo, esta metodología es lamentable", dijo sobre los huelguistas.

La popularidad de Fernández, reelegida con el 54% de los votos en octubre de 2011, se ha resentido desde septiembre a medida que fue creciendo el malestar de sectores de clase media y de sindicalistas que, mediante diversas huelgas y manifestaciones, comenzaron a cuestionar el llamado modelo de inclusión social por considerar que no es todo lo distributivo que debería ser.

Otra de las exigencias de los huelguistas es la universalización del pago de la ayuda familiar a los trabajadores sin tener en cuenta para ello un tope salarial. Además reclaman al gobierno que termine con la deuda millonaria que mantiene con las prestadoras de salud de los sindicatos, que aumente las jubilaciones y disponga "un bono de fin de año" para los trabajadores.

La protesta reflejó la división del movimiento obrero argentino ya que no participaron los sectores sindicales más cercanos a la mandataria.