¿Adiós a la Gran Bretaña?

Para la Unión Europea, esa pregunta otrora impensable parece una posibilidad más real cada semana que transcurre de desgastante crisis económica.

El motivo es que los tiempos difíciles han orillado a las 17 naciones de la UE que utilizan el euro como moneda a avanzar hacia una entidad tipo Estados Unidos de Europa, que podría decidir las cantidades que los países miembros destinarían al gasto y recaudarían de impuestos.

Si Gran Bretaña tuvo alguna vez una pesadilla, es precisamente ésta.

La ciudadanía británica no muestra interés en acercarse más al resto de Europa y la mayoría no parece siquiera tolerar la situación tal como está. La verdadera pregunta estos días al parecer sería ¿irse gradualmente o salirse abruptamente?

Tras los comicios de 2015, Gran Bretaña — una de las 10 naciones que no utilizan el euro entre las 27 que integran la UE — quizá someta a referendo su permanencia en el bloque. Incluso si no efectúa la consulta, el país ha comenzado a deshacer sus vínculos con Europa, medida que ha agitado a Alemania, porque desea retener a Gran Bretaña como uno de los motores económicos importantes de la región.

"Solicitaré a los habitantes de la maravillosa isla que reflexionen que no serán felices si se encuentran solos en este mundo", dijo la canciller alemana Angela Merkel en un discurso previo a la visita que efectuó la semana pasada al primer ministro británico David Cameron en Londres.

Sin embargo, este mensaje de sensibilización tuvo escasa repercusión al otro lado del Canal de la Mancha. El secretario británico de relaciones exteriores, William Hague, que alguna vez recorrió el Reino Unido durante la campaña "Salvemos la libra" en oposición al euro, considera que la ciudadanía británica nunca había sido tan escéptica como ahora de la unidad europea.

"El desencanto público hacia la UE en Gran Bretaña es más profundo ahora que nunca", señaló en octubre Hague. "La gente considera en muchísimas maneras que la UE es algo que se les impone, no algo sobre lo que tenga una decisión", agregó.

Esta desconfianza se combina con las preocupaciones hacia las secuelas de la crisis por el abultamiento de la deuda europea y la ira hacia la Corte Europea de Derechos Humanos, a la que han censurado los políticos británicos por ordenar a Gran Bretaña que conceda el voto a presos en las elecciones nacionales e impedir a la nación que deporte a acusados de terrorismo hacia países con un historial irregular de respeto a los derechos humanos.

Incluso lo que más alarmó a muchos en Gran Bretaña fue el pronunciamiento de Merkel de la semana pasada de convertir a la Comisión Europea — que elabora las leyes y rige la competencia — en "una especie de gobierno europeo". La sola frase rechinó entre los dientes de muchos políticos británicos, que han advertido durante décadas contra el espectro de un superestado europeo.

"Ya no puede descartarse como algo impensable la salida (de Gran Bretaña) de la UE. Ya no es un punto de vista marginal confinado a los disidentes, sino un punto legítimo que comienza a ampliarse hacia la corriente principal", dijo ante el Parlamento Douglas Carswell, legislador del Partido Conservador de Cameron, cuando se debatía la propuesta de abandonar la UE.

En octubre, Cameron enfrentó una gran rebelión interna porque 81 de los 303 legisladores del Partido Conservador desafiaron su orden y votaron a favor de la realización en 2015 de un referendo urgente en el que se decida la permanencia de Gran Bretaña en la UE.

Debido a las exigencias de su propio partido y su preocupación de que sus simpatizantes tradicionales sean cortejados por el UKIP, un partido político minoritario que defiende la salida británica de la UE, Cameron tiene previsto ofrecer finalmente a Gran Bretaña una consulta sobre la permanencia del país en la UE, que sería la primera desde 1973.

El opositor Partido Laborista dijo que también apoyará la consulta, pero sólo cuando haya concluido la crisis en la zona euro.

___

Stringer informó desde Londres. Don Melvin está en Twitter como http://twitter.com/Don_Melvin