Al menos tres soldados kenianos fueron asesinados hoy por hombres armados en la localidad de Garissa, situada en el este de Kenia, a unos 100 kilómetros de la frontera con Somalia.

El ataque sobre los militares, que vestían ropa de calle, tuvo lugar mientras los soldados se encontraban en un taller para reparar el neumático de un vehículo, informó el periódico local Daily Nation.

Esta acción contra las fuerzas de seguridad de Kenia en territorio cercano a Somalia se produce un día después de un atentado en Eastleigh, el barrio de mayoría somalí de Nairobi, en el que murieron al menos 7 personas y otra veintena resultaron heridas al ser lanzada una granada dentro de un autobús.

Tras el atentado, ayer hubo disturbios en Eastleigh que se agravaron hoy, ya que ciudadanos somalíes y sus comercios están siendo el objetivo de ataques por parte de los kenianos, quienes les culpan de la reciente oleada de explosiones en la zona.

Por ello, se desplegaron numerosos efectivos de las fuerzas de seguridad en la zona, que tratan de impedir estos ataques, según un informe de seguridad que la ONU envió hoy a sus empleados.

"Gente de origen somalí o con rasgos somalíes está siendo atacada y los negocios están cerrando", concreta el documento de la ONU.

Por su parte, la embajada del Reino Unido en Nairobi emitió también un comunicado en el que pedía a sus ciudadanos a ser extremadamente cautos y a evitar Eastleigh.

Kenia ha registrado al menos una veintena de ataques desde que el Ejército local iniciara, el 15 de octubre de 2011, una ofensiva en Somalia contra la milicia fundamentalista islámica Al Shabab, que ha amenazado en varias ocasiones con perpetrar ataques en Kenia como represalia.

Estos atentados han dejado varias decenas de muertos y más de un centenar de heridos.

La incursión militar comenzó dos días después del secuestro de dos cooperantes españolas de la ONG Médicos sin Fronteras en el campo de refugiados de Dadaab (en el este y a unos 100 kilómetros de Somalia), el cuarto en poco más de un mes, todos ellos supuestamente obra de Al Shabab, según las autoridades kenianas.

La milicia, que el pasado febrero anunció su unión formal con la red terrorista Al Qaeda, combate desde 2006 a las autoridades somalíes y a las fuerzas multinacionales de la Misión de la Unión Africana en Somalia (AMISOM) para instaurar un Estado musulmán de corte wahabí en el país.

A pesar de los recientes avances de las tropas aliadas contra Al Shabab, los radicales aún controlan buena parte del centro y el sur de Somalia, donde el Ejecutivo somalí aún no está en condiciones de imponer su autoridad.

Somalia vive en un estado de guerra civil y caos desde 1991, cuando fue derrocado el dictador Mohamed Siad Barré, lo que dejó al país sin un gobierno medianamente efectivo y en manos de milicias islamistas, señores de la guerra que responden a los intereses de un clan determinado y bandas de delincuentes armados.