El primer ministro de Mali, Cheick Modibo Diarra, dijo hoy que su Gobierno está listo para sentarse a conversar con los rebeldes tuareg del Movimiento Nacional de Liberación de Azawad (MNLA) y con los radicales islámicos de Ansar Al Din.

"El diálogo es inevitable. La gente del MNLA y de Ansar Al Din son malienses, nuestros compatriotas, que tienen reivindicaciones que algunos consideran inaceptables. Pero siguen siendo malienses con reivindicaciones al fin y al cabo", afirmó Diarra.

"La legitimidad de sus peticiones se debatirá en torno a una mesa. Encontraremos una solución para todo a través del diálogo", continuó el "premier" de Mali.

Diarra aseguró que se está buscando "una paz duradera" que ponga al país "de nuevo sobre en la senda del desarrollo".

Según el primer ministro maliense, "esto conlleva paciencia y saber hacer, para que se pueda hablar de una sociedad en la que todo el mundo tiene los mismos derechos independientemente de su grupo étnico".

Sin embargo, Diarra adelantó que las conversaciones excluirán "a narcotraficantes y terroristas, que no son malienses y ocupan ese territorio. Este es otro problema que la comunidad internacional tiene que tratar".

La reacción llegó tras una reunión con el presidente de Burkina Faso y mediador de la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO) para la crisis de Mali, Blaise Compaoré.

El mandatario voltense urgió, el pasado viernes, a la delegación del MNLA y Ansar Al Din y a las autoridades malienses a que comenzaran reuniones preliminares para crear un ambiente pacífico entre los protagonistas de la crisis.

Compaoré sugirió a los dos movimientos rebeldes que buscaran una plataforma de diálogo, una propuesta que ambos aceptaron.

Asimismo, el enviado especial de la Unión Africana para Mali, el ex primer ministro burundés Pierre Buyoya, instó a las autoridades de Mali a aceptar la oferta de diálogo del MNLA y Ansar Al Din.

Mali se encuentra sumido en una profunda crisis desde el pasado 22 de marzo, cuando un golpe de Estado perpetrado por miembros del Ejército maliense derrocó al presidente elegido democráticamente, Amado Tumani Turé.

Con esa acción, los militares protestaban por la escasa atención que prestaba el Gobierno de Mali a la rebelión de los tuareg en el norte del país, pero el golpe de Estado no hizo más que agravar la situación en esa zona.

Aprovechando el vacío de poder en Bamako tras el derrocamiento de Turé, el MNLA proclamó el pasado abril unilateralmente la independencia de la región septentrional de Mali, que abarca una superficie de 850.000 kilómetros cuadrados.

Sin embargo, diversos grupos yihadistas como Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), MUYAO o Ansar Al Din se han hecho fuertes en la región, cuyo control han arrebatado a los tuareg y en la que han establecido una versión rigorista de la ley islámica.

Según las últimas cifras del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados, ACNUR, el conflicto del norte de Mali ha causado el desplazamiento de más de 200.000 personas, de las cuales al menos 46.000 se han trasladado a Bamako.