El francés Juan Bautista, el español Iván Fandiño y el peruano Alfonso de Lima triunfaron hoy en la segunda corrida de toros de la feria del Señor de los Milagros en la más que bicentenaria plaza de Acho.

Bautista (saludo desde el tercio y dos orejas), Fandiño (silencio tras aviso y dos orejas) y Alfonso de Lima (silencio y dos orejas simbólicas por indulto) salieron a hombros por la puerta grande del coso.

El limeño indultó a un noble y repetidor ejemplar de San Sebastián de las Palmas, uno de los tres hierros colombianos que se lidiaron en este festejo.

Juan Bautista mostró que es un torero con clase y oficio, que tiene en el temple una de sus mayores virtudes. El que abrió plaza era un bravucón que desde los primeros capotazos mostró su buen pitón izquierdo. El francés planteó la faena por naturales para luego repetir por derechazos, pero el toro se acobardó impidiendo rematar la obra.

La lidia del cuarto, que era noble y astifino, estuvo marcada por la buena embestida por el pitón derecho. Con un temple preciso mostró su buen oficio, lidiando en cercanías, siempre dejando la muleta en la cara del toro. Una estocada entera, en el rinconcito de Ordoñez, le permitió cortar las dos orejas contando con la anuencia del público que las exigió.

Iván Fandiño ratificó su raza de torero valiente y entregado que le ha permitido calar en la afición limeña. Al segundo (bis) de Achury Viejo, que embestía gazapón y sin clase, dio una auténtica lección lidiando en corto, siempre por encima de su adversario que nunca llegó a entregarse. Falló en la suerte suprema y su buena labor fue silenciada.

El quinto, un ejemplar más en tipo Santa Coloma, era un manso encastado que tendía hacia las tablas y que el diestro vizcaíno supo retener y someter. Una faena vibrante por la emoción que transmitían toro y torero en cada muletazo, destacando los derechazos, largos y templados, que encendieron los tendidos.

Las bernardinas finales dejaron listo al toro para la muerte, que consumó de una certera estocada en lo alto. El público pidió las dos orejas que fueron concedidas a ley.

El peruano Alfonso de Lima tuvo los recursos y la personalidad para estar a la altura de sus compañeros y acompañarlos en la salida a hombros.

El primero de su lote que era uno de los más complicados, aprendió rápido y el nacional quedó a merced de él. Con enorme convicción, plantó cara ante el sexto de la tarde, un toro de San Sebastián de las Palmas, al que lidió aprovechando su noble y repetitiva embestida por derecho. El limeño inició la faena de rodillas para luego destacar toreando largo, siempre parado y en el sitio, mostrando las condiciones del astado.

Tras coger el acero, el público se opuso y la voces de un indulto aparecieron en los tendidos. Alargó el trasteo hasta que la presión se impuso, concretando la decisión.

Con media entrada en los tendidos, se lidiaron 4 toros de La Carolina (primero, tercero, cuarto y quinto) bien presentados, de distinto juego, todos aplaudidos en el arrastre. Segundo (bis) de Achury Viejo, bien presentado pero sin clase, pitado en el arrastre, y sexto de San Sebastián de las Palmas, noble y repetidor. Indultado.