La Conferencia Episcopal de Guatemala (CEG) criticó hoy los niveles de pobreza y violencia que afectan al país y considera a esos flagelos como "cataclismos" que causan el sufrimiento de las mayorías.

A través de un comunicado dado a conocer en rueda de prensa, la CEG, que preside el obispo Rodolfo Valenzuela, asegura que uno de los grande problemas que enfrenta la sociedad es "el temor a perder la visa, a ser asaltado y extorsionado, a no tener empleo y a no encontrar espacios de sobrevivencia laboral".

Según la Conferencia Episcopal, los temores que se apoderan de los guatemaltecos los hacen no solo desconfiados, sino agresivos y dispuestos a reaccionar con violencia ante ese flagelo.

El 52 por ciento de los más de 14 millones de habitantes son pobres en Guatemala, donde la violencia se cobra la vida de entre 14 y 15 personas diarias.

A criterio de los obispos guatemaltecos, ni los tratados de paz firmados en 1996, que pusieron fin a 36 años de guerra que dejó unas 250.000 víctimas, entre muertos y desaparecidos, han podido resolver los problemas históricos de Guatemala.

En el comunicado, la CEG acusa al Estado de ser "incapaz" de orientar la inversión privada al bien común, y advierten que la privatización de empresas públicas solo ha favorecido al sector privado.

En Guatemala, sostiene, "se siguen impulsando programas asistencialistas sin atacar las causas estructurales de la pobreza".

Exhortan al presidente guatemalteco, Otto Pérez Molina, a disipar las sospechas de que es un Gobierno "militarista, intolerante, proclive a favorecer la iniciativa privada y sus proyectos por encima del bien común".

Pérez Molina es un general retirado que asumió la Presidencia de Guatemala el 14 de enero pasado para un periodo de cuatro años.

Los obispos piden que en el país se genere una cultura de vida y que se abandonen los intereses sectarios y exhortan a los políticos y empresarios a adoptar un proyecto que saque el país de la violencia, pobreza y corrupción.

La CEG también se solidarizó con los guatemaltecos que resultaron damnificados por el terremoto de magnitud 7,2 Richter que sacudió el país el pasado 7 de noviembre con saldo de 44 muertos y millonarias pérdidas materiales.