John Pinchao, uno de los pocos rehenes de las FARC que logró recuperar la libertad por sí mismo, en su caso después de ocho años y medio de secuestro, es "moderadamente optimista" respecto al nuevo proceso de paz en Colombia, pese a que, a su juicio, no le da a las víctimas el papel que les corresponde.

Las víctimas del conflicto son "las grandes ausentes", aunque "son un actor importante" y deberían contar en este proceso, dice el policía retirado Pinchao en una entrevista telefónica con Efe pocos días antes del inicio de la negociación en Cuba, el 19 de noviembre.

"Las víctimas pueden aportar mucho, son los más directos afectados por la falta de paz, pueden contar los problemas que han afrontado por ello y dar su opinión sobre cómo erradicar la violencia, las masacres, la extorsión (...)", señala.

Pinchao recuerda unas palabras en "lengua" (idioma indígena) de un representante a la Cámara, "ésta es la otra Colombia, la que ustedes no entienden", para señalar que "los que padecen" el conflicto, las víctimas, son sobre todo colombianos del medio rural e indígena.

El arranque del diálogo entre el Gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) para poner fin a casi 50 años de conflicto armado coincide con el retiro de Pinchao de la Policía, con el rango de subcomisario, y el comienzo de una nueva vida como conferenciante y futuro padre, pues su esposa espera una niña para diciembre.

Después de 21 años en las filas policiales, Pinchao, de 39, se dedica ahora a hablar en colegios, empresas y universidades de "superación personal, del manejo de situaciones de secuestro, sobre todo a las petroleras, y de la parte política de lo que significa el secuestro".

Sabe de lo que habla. Cuando tenía 25 años, el 1 de noviembre de 1998, las FARC atacaron y tomaron a sangre y fuego la ciudad de Mitú, en el selvático departamento de Vaupés, donde capturaron a más de medio centenar de policías incluido él.

Pasó ocho años y medio secuestrado, en algún momento con la excandidata presidencial Ingrid Betancourt y los estadounidenses Keith Stansell, Tom Howes y Marc Goncalves, pero el 27 de abril de 2007 se fugó siguiendo un plan que preparaba desde un año antes.

Sin embargo, la pesadilla no terminó hasta que 12 días después cuando estaba perdido en la selva, como cuenta en su libro "Mi fuga hacia la libertad", se encontró con un grupo de indígenas con los que caminó tres días más hasta llegar a una comisaría de policía, situada en el mismo departamento donde empezó su secuestro.

"Estoy lleno de expectativas, los policías finalmente son los más directamente afectados por este conflicto, junto con los militares", señala respecto al proceso de paz con las FARC.

A la pregunta de si desea que las negociaciones tengan éxito, responde al instante con un "por supuesto". "Hay que parar este baño de sangre que a diario vivimos", agrega.

Sin embargo, se queja de la falta de información.

Es "un proceso de espaldas al país, el país no sabe a ciencia cierta qué se está negociando", dice, aunque después de pensarlo reconoce que si "todos metieran la mano y hablaran", el "proceso de paz se iría al traste", como pasó con el que se llevó a cabo durante el Gobierno de Andrés Pastrana (1998-2002).

"Confiemos en el buen juicio del presidente" Juan Manuel Santos, subrayó.

A la pregunta de si cree en las buenas intenciones de las FARC, dijo que en toda negociación hay que partir del "principio de la buena fe" de las partes, pero en este caso "no se puede cerrar los ojos" para no ver que la guerrilla ha perdido fuerza a causa de la contundencia con la que el Gobierno del hoy expresidente Álvaro Uribe las combatió, y después Santos.

A Pinchao no le asusta que los que fueron sus captores puedan llegar a ser políticos si se logra la paz, un camino por el que ya transitó la disuelta guerrilla M-19, pero sí que los crímenes de las FARC queden impunes.

"Hay que ponerle mucha atención, los delitos no pueden quedar impunes, sus autores deben responder ante la justicia colombiana o la internacional", subrayó.

Los delegados del Gobierno y de las FARC comenzarán el lunes a negociar con una agenda que abarca el problema de la tierra, el fin de las hostilidades, el narcotráfico, las garantías para la participación política de los desmovilizados y las víctimas.