Fernando Botero retrata "el tema más importante" de la cultura en su exposición "Viacrucis-La Pasión de Cristo", que inauguró hoy el presidente colombiano, Juan Manuel Santos, en presencia del artista.

Una temática "de gran nobleza", según explicó a los periodistas Botero (Medellín, 1932), que se interesó en ella "porque no interesa a nadie".

"Del siglo XX no hay pintura religiosa que valga la pena y en el XXI tampoco", valoró el mayor artista de Colombia, como le denominó Santos durante la apertura de la muestra, que estará abierta en el Palacio de Ajuda de Lisboa hasta el próximo 27 de enero.

Para Santos, que ha abierto la exposición en la primera jornada de su visita oficial a Lisboa acompañado del Presidente de Portugal, Anibal Cavaco Silva y el primer ministro, Pedro Passos Coelho, estas obras "que asombran", son "las mejores embajadoras del país".

La exposición constituye, además, para el presidente colombiano, una evidencia de que las relaciones luso-colombianas incluidas las culturales "pasan por su mejor momento".

Esas relaciones, señaló, continuarán el próximo año con la presencia de Portugal en la Feria del libro de Bogotá, de la que será invitado de honor.

Santos también destacó el lanzamiento por primera vez en portugués de dos de la obras más importantes de la literatura colombiana, "La Vorágine" de José Eustasio Rivera y los poemas de Álvaro Mutis en "Summa de Maqroll el Gaviero".

La muestra que inauguró hoy recoge 27 telas y 34 obras sobre papel con diferentes escenas de la pasión y muerte de Jesús.

Es un tema del que Botero aprendió durante su época universitaria en un centro católico pero también a través de la historia de la pintura.

"Es la historia de estas imágenes", explica y pinta sobre ella a pesar de no considerarse religioso.

"Aquí no hay ninguna presentación de Dios como Dios, sino un hombre torturado", comenta el artista de Medellín.

Botero revisita con su estilo -en el que destaca "el volumen y la sensualidad de la forma"- la historia de la pintura religiosa, con cristos crucificados, flagelados y piedades, y escenas como la oración en el Huerto de los Olivos o el lavado de manos de Poncio Pilatos.

Las escenas sobre tela sorprenden al "rodear al Cristo de paisanos colombianos" y de la arquitectura de Medellín o situarla la obra en un "improbable" Manhattan, según describió Santos.

Los paisajes le surgen sin planificación al artista colombiano, que dice conocer solo el 10% del cuadro cuando lo inicia.

"Empecé con un verde y resulta que era Nueva York al fondo", ha explicado respecto a una de la telas en la que aparece un Cristo crucificado sobre los rascacielos de la gran manzana y las copas de los árboles de su más conocido parque.

A pesar de tomarse estas licencias y otras como la introducción de personajes contemporáneos -policías, hombres con reloj de pulsera o soldados romanos en medio de una partida de póquer- Botero asegura que no hay ningún aspecto satírico en esta serie de obras pintadas entre 2010 y 2011.

"La pintura es hacer lo mismo, pero de forma distinta" reflexiona, al recordar la introducción de figuras a la moda renacentista en los cuadros religiosos del siglo XVI, o la conveniencia de hacer "reconocible" la obra de un pintor.

El propio Botero aparece dentro de la imagen del beso de Judas, otra licencia realizada para "introducir un poco lo inesperado, porque todo lo inesperado produce un poco de poesía".

La muestra inaugurada hoy procede del Museo de Antioquia (Medellín), al que Botero cedió las obras, y pudo ser vista por primera vez en Nueva York.

Lisboa es la primera ciudad europea de la gira que la llevará a España, Alemania y otros países.