Quien haya visitado España probablemente habrá escuchado la expresión "¡viva la Pepa!", que en lenguaje coloquial se usa para describir una acción o situación anárquica, en la que hay ausencia total de reglas y prima demasiado el libertinaje.

Sin embargo, por su origen la expresión significaba exactamente lo contrario.

Pepa fue el nombre popular que los españoles dieron a la Constitución de Cádiz de 1812 por ser ratificada un 19 de marzo, festividad de San José en el calendario católico. Más allá de regalar una frase para la posteridad, fue la primera Carta Magna escrita en España y, según los historiadores, un hito en la independencia de las colonias de América.

Con motivo del bicentenario de este texto, la bella localidad de Cádiz, en el sur andaluz, fue elegida para albergar la Cumbre Iberoamericana de jefes de gobierno de América Latina, España y Portugal que arranca el viernes.

"Aquella Constitución recogió muchos de los principios fundamentales que rigen en nuestros días", dijo Carmen Cózar, directora de la Real Academia Hispanoamericana, una institución con sede en Cádiz que lleva más de un siglo estrechando las relaciones entre los dos lados del Atlántico.

"Fue un texto moderno, que propugnaba un régimen de gobierno basado en la división de poderes, la unificación de fueros y el establecimiento de una ciudadanía española para todos los habitantes de los territorios de la monarquía, incluidos los americanos", agregó.

España vivía una situación muy compleja en aquellos años. Mientras Argentina, Venezuela o México iniciaban un camino sin retorno hacia la independencia, el país libraba una cruenta guerra contra las fuerzas francesas de Napoleón Bonaparte, que controlaba casi la totalidad de la península ibérica.

Con el rey Fernando VII retenido en Francia y la corona en manos de José Bonaparte, hermano de Napoleón, España decidió defender su autogobierno a través de un ambicioso marco legal que rompía una larga tradición de absolutismo monárquico.

"La Constitución de Cádiz no fue el desorden frente al orden, sino un orden nuevo, mucho más abierto, mucho más progresista, mucho más de cara a los tiempos históricos de lo que era la monarquía absoluta", señaló Carlos Martínez Shaw, catedrático de Historia Moderna de la UNED.

La asamblea constituyente se reunió en 1810 en Cádiz, porque era el único territorio libre de la España ocupada por Francia. Los trabajos, impulsados por los liberales, duraron dos años. Participaron más de 200 diputados, de los cuales aproximadamente 65 eran americanos.

Uno de los asuntos centrales fue frenar los movimientos insurgentes del otro lado del Atlántico. El texto, con 375 artículos, se inspiró en principios básicos de la revolución francesa, incluyó derechos y garantías, separación de poderes y un artículo primero que establecía una ciudadanía española para todos los habitantes del reino en ambos continentes.

"Los movimientos insurgentes de América mantuvieron una posición contraria a Cádiz, porque no les servía algo que viniera de la metrópoli", comentó Martínez Shaw. "Pero en otros lugares, los sistemas representativos se ponen en marcha y hay un momento de ilusión en que parece que la Constitución de Cádiz puede aplicarse en una parte importante del territorio americano".

"Tuvieron esperanza que Cádiz pudiera frenar el proceso emancipador independentista", agregó.

La carta magna estuvo vigente durante dos años. El regreso a Madrid de Fernando VII en 1814 tras la victoria sobre los franceses terminó con la ola liberal española. El monarca derogó la ley fundamental y volvió a imponer el antiguo régimen, en una decisión de consecuencias fatales para España y sus colonias.

"La suspensión de la libertad de los ciudadanos apartó definitivamente de la corona a los naturales de aquellos territorios americanos, que abogarían por la independencia y la radicalización del proceso emancipador", explicó Cózar.

La Pepa volvió a estar vigente en otros dos períodos históricos: el llamado trienio liberal 1820-1823 y brevemente en 1836. Pero ninguno superó en ilusión a aquel 1812, cuando por primera vez se intentó regular la España de los mundos y dar un paso hacia delante.

"En la América Hispana, Cádiz influyó mucho, bien estando vigente cuando pertenecía a España, bien inspirando la filosofía y la redacción de sus propias constituciones", aseguró Antonio Torres del Moral, catedrático de Derecho Constitucional de la UNED.

Paradójicamente, y a pesar de su intento de regular la libertad, el lenguaje popular ha conservado en el tiempo su legado como un ejemplo de desorden total.

"Los enemigos de la Constitución utilizaban el 'viva la Pepa' para describir una especie de anarquía, porque se unía a la falta de regulación, a la falta de normas, al libertinaje. Y así quedó grabado en el habla cotidiana", recordó Martínez Shaw. "Pero era todo lo contrario".