Estados Unidos y Australia acordaron hoy instalar un sistema de vigilancia espacial en suelo australiano para desarrollar la estrategia conjunta de seguridad en la región de Asia-Pacífico.

El ministro australiano de Defensa, Stehen Smith, indicó tras la que reunión que mantuvo con el jefe del Pentágono, Leon Panetta, y la secretaria de Estado, Hillary Clinton, que EEUU reubicará en la región occidental de Australia un radar de gran alcance para seguir los movimientos en la órbita de la basura espacial.

En el encuentro celebrado en la ciudad de Perth y que los dos países celebran anualmente para abordar asuntos relacionados con la seguridad, Smith estuvo acompañado del ministro australiano de Asuntos Exteriores, Bob Carr.

En conferencia de prensa, Smith explicó que este radar de banda C será trasladado desde una instalación militar estadounidense en la isla de Antigua a una base próxima a la localidad de Exmouth, situada al noroeste australiano, en 2014 para "vigilar la basura espacial en esta parte del mundo".

Las dos delegaciones también abordaron la posibilidad de trasferir a suelo australiano un telescopio espacial, situado actualmente en el estado de Nueva México y desarrollado para avistar pequeños objetos que se encuentren a una distancia de hasta 35.000 kilómetros de la Tierra.

Panetta, Clinton y sus homólogos australianos también hablaron de un eventual aumento de contingente de soldados estadounidenses en el norte de Australia, en virtud de un acuerdo anunciado en noviembre pasado durante la visita que realizó a este país el presidente de Estados Unidos, Barack Obama.

Smith puntualizó que antes de adoptar una decisión se realizará una evaluación económica de lo que supondrá aumentar el tamaño del contingente, desde 1.100 efectivos en 2014 a 2.500 efectivos en el plazo de cinco o seis años.

Además, Washington y Camberra, cerrados aliados, analizarán la posibilidad de ampliar el acceso de las fuerzas estadounidenses a las bases navales y aéreas australianas, aunque esta iniciativa, y según apuntó el ministro Carr, requiere "un mayor estudio" por parte del Gobierno de Australia.

Durante la reunión, la delegación de Estados Unidos destacó que la incorporación de australia al Consejo de Seguridad de la ONU en calidad de miembro no permanente, da una "dimensión adicional" a los esfuerzos conjuntos para encontrar una solución a los problemas de Siria, Irán, Afganistán y Corea del Norte.

El despliegue de efectivos de la OTAN y de otros países en suelo afgano y el rol de Australia tras el traspaso de las competencias en materia de seguridad a las fuerzas locales fue también abordado en el transcurso de la reunión, aunque no transcendió a la prensa si durante esta se hizo alusión al general estadounidense, John Allen, jefe de las tropas estadounidenses desplegadas en Afganistán.

Tras el encuentro entre las dos delegaciones, Panetta, expresó en rueda de prensa, su confianza en el general Allen y en la labor que realiza como comandante en jefe de las tropas aliadas en Afganistán.

Panetta se pronunció de esta forma al día siguiente de anunciar en un comunicado que había ordenado investigar a Allen por supuestas "comunicaciones inapropiadas" con una de las mujeres implicadas en el escándalo amoroso que obligó al exgeneral David Petraeus a dimitir como director de la CIA.

"Él ciertamente tiene mi confianza para comandar nuestras fuerzas y mantener la lucha (en Afganistán)", dijo el secretario de Defensa.

"Nadie debería sacar ninguna conclusión en este asunto (antes de tiempo)", apuntó Panetta acompañado de Clinton, según informó el canal australiano de televisión ABC.

El jefe del Pentágono calificó de "medida prudente" la decisión del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, de dejar en suspenso la designación del general Allen como comandante aliado supremo de la OTAN en Bruselas.

Panetta no obstante eludió las preguntas de los periodistas para entrar en detalles de las investigaciones que el FBI y el Pentágono llevan a cabo sobre la correspondencia que Allen mantuvo con Jill Kelley entre 2010 y 2012, y que comprenden entre 20.000 y 30.000 páginas de documentos.

Kelly fue la pieza que llevó a David Petraeus a dimitir como director de la CIA porque a través de ella se descubrieron las relaciones del segundo con la periodista Paula Broadwell.