The xx (que no The XX), el último gran fenómeno alternativo de Reino Unido con permiso de Adele, ha llegado esta noche a Madrid avalado por una gran respuesta del público ante su rock cálido y minimalista, escrito en minúsculas, con una puesta en escena oscura e íntima en la que su música no podía sino brillar.

"Coexist" es el disco que este trío de veinteañeros ingleses (que comenzó siendo un cuarteto) ha venido a presentar a la sala La Riviera en dos noches consecutivas y con todo el aforo vendido, antes de continuar su viaje hacia el resto de Europa, donde les esperan no menos de veinte ciudades y una treintena de conciertos más.

Es la expectación lógica ante un grupo que ha crecido sin parar desde su fichaje por un pequeño sello, que se convirtió en banda de referencia de la prensa "indie" y hasta de alguna estrella mayoritaria como Shakira y que en 2010, con su debut "xx" (2009), consiguió el premio Mercury al mejor disco del año en Reino Unido.

Durante poco más de una intensa hora, Romy Madley Croft, Oliver Sim y el ubicuo Jamie Smith -DJ y productor de moda más conocido como Jamie xx- han dado rienda suelta a "Coexist" y a "xx", dos álbumes que constituyen una continuación de las bazas que les hicieron triunfar.

El trío -vestido de negro riguroso- se ha subido al escenario con la humildad que les ha caracterizado desde sus inicios, la misma que parece alejar de sus rostros los focos en pos de un juego de siluetas y claroscuros que subrayan los momentos más intensos de temas como "Angels", el corte que abre su segundo trabajo y que ha sido también el primero en sonar esta noche.

Sus seguidores han escuchado después "Heart skipped a beat", un título descriptivo de esa música que, pese a inscribirse en el meridiano que une el rock y la música de club que inspiró "Coexist", es profundamente cálida y emocional gracias a las voces susurrantes de Croft y Sim, jugando en una continua dialéctiva armónica.

Los tonos bajos son su campo de acción, un problema en una sala de acústica tramposa como La Riviera, en la que esas melodías se enfangan y aturullan, lo que no ha impedido el disfrute de los cerca de dos millares de asistentes.

"Fiction" y el single "Crystalised" han despertado sus aplausos, antes de bailar sones más vivos como los de "Reunion" y dejarse mecer, ya en la segunda parte del concierto, por las melodías de "Islands", "Shelter", "VCR" o "Chained".

Justo antes de los bises ha llegado el número redondo del concierto, el tema "Infinity", con esa querencia evocadora a lo Chris Isaak y sus latigazos de luz y sonido subrayando la frase central: "I can't give it up" (no puedo abandonar).

Con ella y en medio de un éxtasis casi místico se ha hecho por fin la luz en La Riviera, con la X que sirve de logotipo a la banda proyectada sobre el fondo, ahora sí grande y en mayúsculas.

Tras una breve retirada del escenario han vuelto para regalar a los madrileños los bises previstos: "Intro" -incorporado por la mismísima Rihanna a su tema "Drunk on love"-, "Tides" y "Stars", en medio de sentidas muestras de agradecimiento en castellano por el calor que el público de Madrid les ha ofrecido en esta primera velada de sombras.

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Javier Herrero.