La Comunidad Económica de los Estados del África Occidental (CEDEAO) enviará 3.300 soldados al norte de Mali, zona que está bajo el control de rebeldes y separatistas, pero pidió hoy el apoyo de otros países para mandar hasta 5.500 militares.

Según dijo hoy a Efe el portavoz de la CEDEAO, Sunny Ugoh, el plan de operaciones que recibió ayer el respaldo de la organización supone el despliegue de 3.300 efectivos del bloque regional, aunque se prevé que el contingente pueda ser ampliado a 5.500 soldados.

Esa ampliación requiere que otras naciones africanas no pertenecientes al bloque contribuyan con más tropas, precisó Ugoh.

Un decena de jefes de Estado asistió ayer a una cumbre de la CEDEAO -organización integrada por 15 países- que dieron el visto bueno a un "nuevo concepto de la operación militar" que se llevaría a cabo en el norte de Mali para retomar el control de la zona.

"(Los líderes) están de acuerdo con el nuevo concepto: una fuerza liderada por África bajo la que el número de efectivos que se desplegarían ha sido aumentado a 5.500", explicó hoy Ugoh.

"Por supuesto -agregó-, la CEDEAO aportará 3.300 de esos soldados, lo cual está basado en el plan original antes de que la misión se expandiera a una fuerza liderada por África".

La CEDEAO, en un comunicado publicado a última hora del domingo, pidió a la Unión Africana (UA) que respalde ese "nuevo concepto" y remita el plan al secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, para su aprobación antes de que venza el plazo estipulado en la Resolución 2071 de la ONU a finales de noviembre.

Además, el bloque africano occidental urgió "al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas a examinar el Concepto con vistas a autorizar el despliegue de la fuerza militar internacional en Mali".

No obstante, la CEDEAO reiteró que "el diálogo continúa siendo la opción preferida para la resolución de la crisis política en Mali", aunque "el recurso a la fuerza (en el norte) puede ser indispensable para desmantelar las redes terroristas y criminales trasnacionales que suponen una amenaza para la paz y la seguridad internacional".

Mali se encuentra sumido en una profunda crisis desde el pasado 22 de marzo, cuando un golpe de Estado perpetrado por miembros del Ejército de Mali derrocó al presidente elegido democráticamente, Amado Tumani Turé.

Con esa acción, los militares protestaban por la escasa atención que prestaba el Gobierno de Mali a la rebelión de los tuareg en el norte del país, pero el golpe de Estado no hizo más que empeorar la situación en esa zona.

Aprovechando el vacío de poder en Bamako tras el derrocamiento de Turé, los rebeldes tuareg del Movimiento Nacional de Liberación de Azawad (MNLA) proclamaron el pasado abril unilateralmente la independencia de la región septentrional de Mali, que abarca una superficie de 850.000 kilómetros cuadrados.

Sin embargo, diversos grupos yihadistas como Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), Monoteísmo y Yihad en África Occidental (MYAO) o Ansar Al Din se han hecho fuertes en la región, cuyo control han arrebatado a los tuareg y en la que han establecido una versión rigorista de la ley islámica.

Según las últimas cifras del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), el conflicto del norte de Mali ha causado el desplazamiento de más de 200.000 personas, de las cuales al menos 46.000 se han trasladado a Bamako.