Un monje tibetano de 18 años se inmoló frente a un monasterio en la provincia de Gansu, noroeste de China, el séptimo esta semana después de que otros seis se prendieron fuego entre el miércoles y el jueves coincidiendo con la inauguración del XVIII Congreso del Partido Comunista (PCCh) en Pekín.

La agencia oficial Xinhua informó de este último suceso, ocurrido el sábado en la ciudad de Hezuo en la citada provincia, el primero del que se hace eco.

Las pruebas iniciales confirman que el inmolado era Gonpo Tsering, un joven de 18 años, indica Xinhua, sin que trasciendan más datos sobre el estado de salud del monje.

El medio "Radio Free Asia" (RFA), no obstante, confirma que el joven tibetano murió después de que varios monjes y otros tibetanos intentaran trasladarle a un hospital, sin éxito debido a la gravedad de sus heridas, y acabaran llevándole a casa.

Según RFA, con sede en EEUU, Gonpo pidió "libertad para los tibetanos, la vuelta del Dalái Lama al Tíbet y la libertad de las lenguas", mientras se quemaba.

Después de que el joven decidió quemarse, las autoridades chinas llegaron al lugar de los hechos, donde comenzaron a interrogar a monjes y otros tibetanos locales, indica "Radio Free Asia".

Entre el miércoles y el jueves -día en el que se inauguró el cónclave del Partido Comunista- seis monjes se quemaron a lo bonzo para protestar contra la "ocupación del Tíbet" en otras regiones tibetanas de China, entre ellos, cuatro monjes adolescentes y una joven madre.

La oleada de inmolaciones motivó que miles de tibetanos salieran a las calles a manifestarse en el condado de Huagnan, en la frontera de la región autónoma del Tíbet y la provincia de Qinghai (oeste del país), informó la agencia tibetana "Phayul".

El objetivo de las protestas que duraron varios días -y que se desconoce si aún continúan- es mandar "un fuerte mensaje" al Partido Comunista, en el marco de la celebración de su XVIII congreso, según indican grupos tibetanos en el exilio.

El viernes el recrudecimiento de la situación en el Tíbet acaparó toda la atención de la segunda jornada del citado cónclave del Partido, en la que los líderes chinos se reunieron por regiones o ciudades importantes para debatir sobre el rumbo que tomará el país los próximos diez años.

El secretario regional del Partido en el Tíbet, Chen Quanguo, preguntado por la oleada de inmolaciones de esta semana, se ciñó a la versión oficial al defender que el Gobierno chino ha invertido mucho en el desarrollo de la región.

"Lhasa (la capital) es la ciudad más feliz de China", aseguró a los presentes en la sala.

Es un momento de tensiones en el Tíbet, con más de 60 inmolaciones en los últimos dos años y la creciente presión internacional por estas acciones.

China considera a Tíbet parte del país desde hace siglos, por uniones dinásticas y conquistas en la época imperial, si bien para los tibetanos en el exilio el "Techo del Mundo" era virtualmente independiente hasta que fue ocupado por el Ejército comunista a principios de la década de los 50 del siglo pasado.