El aumento de los ataques de gaviotas a ballenas en el santuario ballenero argentino de Península Valdés ha provocado que el gobierno de la sureña provincia de Chubut inicie un polémico plan que incluye medidas como disparar a las aves.

En las costas de Chubut, que cada primavera reciben a la ballena franca austral para reproducirse, empieza a ser habitual ver bandadas de gaviotas picando la piel de los cetáceos para llegar a su capa de grasa.

"Cuando uno está en el lugar puede ver una madre con crías y cuatro o cinco gaviotas alrededor que atacan de forma simultánea, llegan a meter todo el pico y atraviesan la dermis. Los signos de dolor del animal están a la vista, es un espectáculo horrible", describe a Efe Guillermo Caille, de la ONG Patagonia Natural.

Los expertos explican este comportamiento por el incremento de la población de la gaviota "cocinera", una especie de las llamadas "aves oportunistas" propia del ecosistema de la zona que ha crecido con el aumento de la basuras y los desechos de la industria pesquera, explica Fabián Rabufetti, director de conservación de Aves Argentinas.

El fenómeno, que se comenzó a observar en estas costas -unos 1.100 kilómetros al sur de Buenos Aires- en los años setenta, se ha disparado y, desde 2008, más del 75 por ciento de las ballenas que llegan a la zona tienen heridas provocadas por las gaviotas, según datos del Instituto de Conservación de Ballenas argentino.

Ante este problema, el gobierno provincial impulsó un plan para la "remoción de ejemplares (de gaviota) agresivos", que incluye disparar a las aves con pistolas de aire comprimido y medidas de gestión de los residuos.

El plan requiere de una embarcación especial con científicos y tiradores expertos que disparan con pistolas de aire comprimido a las aves que se acercan a las ballenas.

La iniciativa incluye también la erradicación de basureros a cielo abierto, el "manejo adecuado" de descartes de la industria pesquera terrestres y en alta mar, según informes del Ministerio de Ambiente provincial.

El trabajo con los residuos, en una zona en la que se congregan las basuras de ciudades cercanas a los 100.000 habitantes, como Puerto Madryn o Trelew, es un clave para la erradicación de los ataques, aseguró Efe a Mariano Sironi, del Instituto de Conservación de Ballenas.

"Tanto el descarte pesquero como los basurales son una fuente de alimento muy importante. Si no se atacan, estaríamos alimentando a las gaviotas en un sitio para matarlas en otro", explicó el experto.

Los proyectos para reducir los desperdicios, principal alimento de las gaviotas, han sido bien recibidos por expertos como Guillermo Caille, de la ONG Fundación Patagonia Natural que sin embargo critica las consecuencias del retraso en su aplicación.

"Es una medida desagradable y que entristece, haber llegado a este extremo es el resultado de no haber tomado el toro por las astas antes (...) La respuesta podría considerarse acertada, pero es una respuesta tardía", aseguró Caille.

Desde el Instituto de Conservación de Ballenas, Mariano Sironi comparte la percepción de que las decisiones se podrían haber tomado "mucho antes", en un problema que es "único de Península Valdés" y fue presentado a la Comisión Ballenera Internacional para su estudio.

"Hace varios años que advertimos de que había un problema, podrían haberse tomado medidas mucho antes. Probablemente, con el aumento de los últimos años se encendieron las luces rojas", apuntó Sironi, que descartó que los cetáceos vayan a abandonar las costas argentinas, aunque su crecimiento se ha moderado.

Cada año, unos 4.000 ejemplares de ballena franca austral acuden a reproducirse y criar a sus ballenatos en Península Valdés entre mayo y diciembre.

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Por Miguel Ángel Moreno