El cambio climático contribuyó al declive del pueblo maya, según los estudios de un equipo de arqueólogos que ha investigado los niveles de precipitación en estalagmitas en el sur de Belice, donde se ubicaba la ciudad maya de Uxbenka, según publicará la revista Science en su edición de mañana.

Los investigadores lograron compilar datos sobre el clima y precipitación en la región donde habitaron los mayas, que alcanzaron su apogeo entre el año 300 y 1000 de nuestra era, y que demuestran cómo los sistemas políticos se desarrollaron y desintegraron en consonancia con el cambio climático.

"Niveles anormalmente altos de precipitación favorecieron la producción de alimentos y la explosión en la población entre los años 450 y 660", dijo el doctor Douglas Kennett, autor principal y profesor de Antropología de la Universidad de Pensilvania.

El estudio aprovecha la abundante historia política grabada en los monumentos de piedras de las principales ciudades maya de la región, como Tikal, Copán o Caracol, para comparar los resultados.

"Estos nuevos datos del clima muestran cómo este periodo provechoso fue seguido por una tendencia general de baja precipitación que se prolongó por cuatro siglos, marcados por una series de sequías pronunciadas, que provocaron un declive en la producción agrícola y contribuyeron a la fragmentación social y el colapso político", agregó Kennett.

La mayor sequía se produjo entre los años 1020 y 1100, período que coincide con la caída de los principales centros mayas y el descenso de población, de acuerdo con la investigación.

Los científicos estudiaron muestras recogidas en estalagmitas de la cueva de Yok Balum, ubicada a apenas cinco kilómetros de la antigua ciudad de Uxbenka, en lo que entonces eran las tierras bajas mayas y que hoy son el sur de Belice, cerca de la frontera con Guatemala.

Kennet, no obstante, señaló que los efectos del cambio climático son "complejos" y que operan a "múltiples escalas temporales".

"El abrupto cambio climático es parte de la historia. Además, de la baja precipitación y la sequía, las condiciones preexistentes que favorecían la complejidad social y la expansión de población sentaron las bases de una posterior tensión social y la fragmentación de las instituciones políticas", concluye el experto.