El consejo de gobierno del Banco Central Europeo (BCE) mantuvo hoy los tipos de interés en la zona del euro en el mínimo histórico del 0,75 %, pese al debilitamiento económico.

La institución europea informó en Fráncfort de que también dejó inalterada la facilidad marginal de crédito, por la que presta dinero a los bancos durante un día, en el 1,5 %, y la facilidad de depósito, por la que remunera el dinero, en el 0 %.

Los mercados descartan que el presidente del BCE, Mario Draghi, vaya a dar hoy sorpresas, si bien prestarán atención a sus comentarios sobre la discusión en relación con los tipos de interés.

El Banco de Inglaterra mantuvo también los tipos de interés en el 0,5 %, así como la dotación de su programa de emisión de dinero para la reactivación del mercado crediticio.

Draghi dijo en octubre pasado que el consejo de gobierno no había discutido una bajada las tasas de interés.

En las circunstancias actuales, carece de sentido un nuevo recorte del precio del dinero porque apenas tendrá efectos en la concesión de créditos de algunos países de la zona del euro, como España e Italia.

El BCE ha comentado en varias ocasiones que no funciona el mecanismo de transmisión de la política monetaria y este fue el argumento para justificar el nuevo programa de compra ilimitada de deuda soberana de los países con dificultades de financiación.

Draghi informará en rueda de prensa a partir de las 13.30 horas GMT de las deliberaciones del consejo de gobierno y reiterará que el programa de compra de deuda soberana está vinculado a estrictas condiciones, prevé el analista de Commerzbank Michael Schubert.

No obstante, son los países europeos lo que deben establecer las condiciones, dijo Schubert.

La entidad monetaria europea introdujo el primer programa de compra de bonos en mayo de 2010 para ayudar a Grecia y lo reactivó en agosto del año pasado para ayudar a España e Italia, que estaban siendo fuertemente penalizadas en el mercado.

El Parlamento griego aprobó la pasada noche con una apretada mayoría las nuevas medidas de ahorro que exigen la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional para facilitar más financiación.

El BCE se opone a participar voluntariamente en una nueva reestructuración de la deuda griega, que ahora implicaría al sector acreedor público, ya que eso sería refinanciación estatal.