El Partido Comunista Chino en el gobierno puso en marcha su congreso el jueves para iniciar la transferencia de poder a nuevos líderes con una breve mención a su pasado revolucionario y una promesa de combatir la corrupción. Pero el acto principal: los regateos por las bancas en la nueva cúpula, se desarrolló a puertas cerradas.

Todos los protagonistas principales estaban presentes en el Gran Salón del Pueblo: el presidente Hu Jintao, su sucesor Xi Jinping y una colección de dirigentes retirados. La hoz y el martillo en dorado, el símbolo del Partido Comunista, se destacaba en el trasfondo. Pero en una ceremonia inaugural de casi dos horas, apenas se mencionó la transición o que dentro de una semana Hu se retirará como jefe del partido para dar lugar a Xi en la que sería apenas la segunda transferencia de poder ordenada en 63 años de régimen comunista.

El congreso es una reunión mayormente ceremonial de más de 2.200 delegados que se reúnen mientras las verdaderas negociaciones son llevadas a cabo entre bastidores por los verdaderos influyentes.

El acto central de la inauguración del congreso de una semana — un discurso de Hu de 90 minutos — le permitió resumir su legado de una década en el poder, como también hacer gala de su influencia para instalar a sus aliados en el liderazgo colectivo que encabezará Xi.

"Algo importante para él es asegurarse de que no haya un juicio crítico o negativo de los últimos 10 años", comentó Ding Xueliang, un experto en política china en la Universidad de Ciencia y Tecnología de Hong Kong. De todos modos, Ding afirmó que "el 90% del esfuerzo radica en colocar a su gente".

El silencio del partido sobre una transición de poder que todos conocen ha provocado un palpable sentimiento de inquietud pública. Muchos chinos creen que su país atraviesa una coyuntura, con una economía en desaceleración, una deuda creciente y demandas públicas de un gobierno más transparente, si no democrático.

En indicios de inestabilidad, por lo menos cuatro tibetanos se prendieron fuego en vísperas del congreso como protesta por el régimen chino en las áreas tibetanas, según grupos extranjeros de apoyo al Tíbet y el gobierno tibetano en el exilio en la India.

En la madrugada, en la Plaza Tiananmen, junto a la sede del congreso, una mujer treintañera arrojó papel picado al aire al grito de "¡Bandidos y ladrones!", lo que se suele gritar a los funcionarios locales corruptos. Fue detenida por las fuerzas de seguridad.

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Los periodistas de Associated Press Gillian Wong, Christopher Bodeen, Didi Tang y Louise Watt contribuyeron a este despacho.