El premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa cree que el "entusiasmo compartido" y la "fraternidad" que unió a los escritores latinoamericanos del "boom" no duró más de diez años, y que la política fue la que creó una "enorme división" entre los autores partícipes de aquella "empresa común".

Así lo ha confesado en la conferencia inaugural del congreso "el canon del boom" que arranca en Madrid y en otras siete ciudades españolas con el propósito de analizar las repercusiones culturales que aquel fenómeno literario tuvo para España e Iberoamérica.

Los príncipes de Asturias han presidido el acto, celebrado en la Casa de América, y organizado por Acción Cultural Española y la Cátedra Vargas Llosa, que congregarán hasta el sábado a más de cuarenta críticos y escritores de ambos lados de Atlántico.

El Nobel peruano ha trazado un detallado recorrido por sus recuerdos de la época del "boom" a través de las ciudades que lo catalizaron, con Barcelona como cabeza de puente hacia América, y de los nombres que lo configuraron, como Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Jorge Luis Borges, Carlos Fuentes y Alejo Carpentier, entre otros.

De todos ha ido evocando anécdotas, experiencias compartidas, percepciones de cómo los vio entonces y cómo los percibe ahora, cuando se cumplen cincuenta años de la publicación de su primera novela, "La ciudad y los perros", fecha que se da como punto de salida de un movimiento que fue mucho más allá de la literatura.

Vargas Llosa, que como él mismo ha dicho es uno de los "poquísimos sobrevivientes" de aquel tiempo, está convencido de que el "boom" ayudó a que muchos latinoamericanos, él mismo incluido, comenzaran a sentirse como tales, y en este sentido ha recordado que fue en Europa -en París y Barcelona- donde él tuvo primera noticia y luego conocimiento directo de sus coetáneos latinoamericanos.

La experiencia, incluidos los cinco años más felices de su existencia, en la ciudad condal, perduró durante una década, pero después fue la política, y en concreto el llamado "caso Padilla", referido al encarcelamiento en 1971 del escritor cubano Heberto Padilla por motivos políticos, lo que deshizo sus vínculos.

Aunque después todos siguieron con su tarea, si bien con la diferencia de que lo que había sido una "empresa común" pasó a ser una "empresa individual", ha explicado.

Una de las pruebas de aquel espíritu fue la idea promovida por Carlos Fuentes de que cada uno de los autores escribiera una novela corta sobre su dictador correspondiente, algo que nunca llegó a materializarse de manera conjunta aunque después, ha puntualizado el Nobel, acabaron haciéndolo cada uno por su cuenta.

El "boom" sirvió también para que el mundo supiera que América Latina "no sólo producía" dictadores y revolucionarios, el mambo, la guaracha o el bolero sino, ha subrayado el escritor peruano, "también buena literatura".

Esas buenas letras, que además han enriquecido el español como lengua universal, eran las que firmaban el argentino Julio Cortázar, al que conoció en 1958 en París y al que vio cómo se transmutaba de un hombre "sumamente cortés y distante" que no quería saber nada de política a un "revolucionario juvenil de sesenta años", según él "de una enorme ingenuidad" y "pureza".

También conoció en París a Borges, y Mario Vargas Llosa ha detallado la emoción que le supuso aquella primera entrevista que le hizo como periodista de la radio televisión francesa en 1963: "Parecía haber leído todos los libros y retenerlos todos en la memoria", recuerda.

En Barcelona trabó relación con Carlos Barral y su editorial, Seix Barral, clave para el impulso del "boom" y que publicó "La ciudad y los perros", y a esa ciudad se mudó desde Londres siguiendo órdenes de la agente del colombiano Gabriel García Márquez.

De "Gabo" ha contado cómo se vio desbordado por el éxito de "Cien años de soledad" y cómo junto al chileno José Donoso formaron el primer grupo de latinoamericanos asentados en la ciudad catalana.

"Uno tenía la sensación, escribiendo en esos años de que no sólo materializaba una vocación, sino que aquello que hacía, si salía bien, si llegaba al corazón de los lectores, de alguna manera iba a contribuir a hacer que la vida fuera mejor", ha reflexionado.

Los cubanos Alejo Carpentier, Guillermo Cabrera Infante y José Lezama Lima también han estado hoy en boca del último Nobel latinoamericano, y también lo estarán, junto a los demás autores del "boom", en las conferencias y ponencias que se van a celebrar en Madrid y en las universidades de Las Palmas, Alicante, Murcia, Valladolid, Castilla-La Mancha, Málaga, Alicante y La Rioja.

La conferencia ha sido presentada por el director de la cátedra Mario Vargas Llosa, Juan José Armas Marcelo, y por el secretario de Estado de Cultura, José María Lasalle, quien ha destacado que aquel movimiento contribuyó a renovar la cultura en español e impulsó la vitalidad de la lengua en que Iberoamérica "habla, escribe y piensa".