BASE MILITAR CONJUNTA LEWIS-McCHORD, Washington, EE.UU. (AP) — El médico militar vio al sargento Robert Bales cubierto de sangre y por la forma de la mancha advirtió que no era de él. Preguntó a Bales porqué estaba ensangrentado y dónde había estado.

Bales se encogió de hombros, dijo el martes en su testimonio el médico, el sargento de 1ra clase James Stillwell.

"Si les digo, ustedes tendrán que testificar en mi contra", fueron las palabras de Bales, según señaló Stillwell.

Esta afirmación, como las muchas atribuidas a Bales, dejan entrever que él estaba consciente de sus actos cuando se entregó después de las matanzas de civiles ocurridas en la noche en dos aldeas en el sur de Afganistán, dijeron los fiscales.

Los testimonios que diversos soldados presentaron el lunes y martes por el gobierno gobierno podrían convertirse en un gran obstáculo para los abogados de Bales, los cuales han dicho que la salud mental de éste sería un elemento importante para su defensa.

Los testimonios son parte de una audiencia preliminar en la que se determinará si el caso es remitido a una corte marcial.

Según los abogados defensores, Bales cumplía su cuarto despliegue y había sufrido desorden de tensión postraumática así como una lesión a causa de un golpe en la cabeza en Irak. Un testigo dijo el martes que Bales se enfurecía de inmediato.

El sargento Bales, de 39 años, tiene dos hijos y procede de Lake Tapps, Washington. Bales afronta 16 cargos de homicidio premeditado y seis de intento de homicidio que derivan de las incursiones que hizo el 11 de marzo en las aldeas de Balandi y Alkozai. Nueve niños figuraron entre las víctimas.

Los actos de Bales se convirtieron en una de las peores atrocidades cometidas en las guerras de Irak y Afganistán. Debido a ellos, Estados Unidos canceló durante varios días las operaciones de combate en medio de protestas. Durante un mes, los investigadores militares no pudieron alcanzar los lugares donde se cometieron los crímenes.

La declaración inicial de un fiscal y el testimonio de un testigo el lunes sugieren que Bales pasó la noche antes de la matanza en su base de avanzada, llamada Campo Belambay, en un lugar remoto.

En ese lugar, Bales y otros dos soldados veían una película sobre asesinatos por venganza, bebían whisky de una botella de plástico — licor que habían conseguido de contrabando — y conversaban sobre un ataque en el que uno de sus camaradas había perdido una pierna.

Horas después, Bales se puso una capa, salió furtivamente del lugar y comenzó a matar personas por su propia cuenta, dijo el fiscal, el teniente coronel Jay Morse. Bales atacó una aldea y después regresó a la base de Belambay, donde despertó a un compañero y le contó lo que había hecho, señaló Morse. El soldado testificó que no le creyó a Bales y se volvió a dormir.

Bales salió de nuevo de la instalación, dijo Morse, y atacó la segunda aldea; había matado a 16 personas antes de regresar a la base en medio de la oscuridad previa al amanecer. Bales estaba manchado de sangre e incrédulo de que sus compañeros le ordenaban que entregara sus armas.

Una cámara de vigilancia había grabado el regreso de Bales a la base, indicó Morse.

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