Wall Street respalda mayoritariamente al candidato republicano a las elecciones de EE.UU., Mitt Romney, pese a que durante el mandato del actual presidente y aspirante demócrata, Barack Obama, la bolsa se ha disparado más de un 60 %, el quinto mayor avance bajo cualquier presidente desde 1900.

"Lo más irónico de estos números es que se dice que una de las debilidades de Obama es su historial económico", aseguraba recientemente al diario The New York Times el cofundador del grupo de inversión Bespoke, Paul Hickey, quien ha estudiado la evolución de la bolsa durante los últimos cuatro años.

"Si bien el mercado de valores no refleja completamente la situación de la economía, sí que es un indicador importante", añadió Hickey, quien recordó que afecta a una buena parte de la población estadounidense, puesto que cada vez más fondos de pensiones en este país están ligados a la evolución de la bolsa.

El Dow Jones de Industriales, el principal indicador de Wall Street, se situaba ligeramente por encima de los 7.900 puntos en enero de 2009, cuando Obama tomó posesión, y ahora supera ya la simbólica barrera de las 13.000 unidades, lo cual supone un contundente avance del 64 %.

Según Bespoke, esa subida es la quinta mayor bajo cualquier presidente estadounidense, tan solo por detrás de las registradas bajo los mandatos de Franklin Roosevelt (superior al 230 %, que fue seguida por una estrepitosa caída), Calvin Coolidge, Bill Clinton y Dwight Eisenhower.

Sin embargo, tradicionalmente Wall Street se ha decantado por los candidatos republicanos y en esta ocasión no ha sido diferente, lo cual queda patente en las contribuciones realizadas por este sector a la financiación de la campaña de Romney a través de los "superPACs".

Esas entidades surgieron tras la controvertida decisión del Tribunal Supremo en 2010 de permitir la creación de organizaciones que pudieran captar fondos ilimitados de personas y empresas para canalizarlas a objetivos políticos y el de Romney, llamado "Restore Our Future", se ha visto inmensamente favorecido por inversores, aseguradoras y empresas inmobiliarias.

Según el "Center for Responsive Politics", una entidad independiente que estudia la financiación de la política en EE.UU., más de la mitad de los fondos del "superPAC" de Romney provienen del sector financiero y la cantidad total es cincuenta veces superior a los destinados por ese sector al "superPAC" de Obama.

"La retórica del presidente culpa a Wall Street de los problemas que tenemos, y creo que ése es un juicio injusto sobre el papel de las finanzas en nuestra economía", aseguró a CNN el presidente de la empresa de inversión inmobiliaria Boston Properties, Mort Zuckerman, que ha dejado de apoyar a Obama para pasarse al bando de Romney.

Y es que durante los últimos cuatro años Obama ha defendido la regulación de Wall Street a través de legislación como la ley Dodd-Frank, que prohíbe a los bancos hacer inversiones especulativas en beneficio propio, así como la subida de los impuestos a los más ricos (que sí ha recibido el apoyo del multimillonario inversor Warren Buffett).

En cambio, Wall Street percibe a Mitt Romney como uno de los suyos, en buena parte gracias a su rol al frente de la firma de capital riesgo Bain Capital, alguien que, de llegar a la Casa Blanca, flexibilizaría las regulaciones impuestas al sector financiero desde la crisis de 2008.

"Es crítico que el próximo presidente aprecie que la prosperidad de EE.UU. está motivada por la innovación y el trabajo duro del estadounidense, cuyo valioso esfuerzo se ha visto socavado por el opresor peso de la intervención gubernamental en los últimos años", declaraba a Politico el fundador del fondo de alto riesgo Citadel, Ken Griffin.

En cualquier caso, Obama todavía recaba apoyos entre sectores de Wall Street que celebran que su Administración haya favorecido las intervenciones realizadas en los últimos años por la Reserva Federal de EE.UU., que ha estado inyectando dinero en la economía y propulsando así la subida de la bolsa.