La subsecretaria de Estado de EEUU de Asuntos Políticos, Wendy Sherman, realizó una visita histórica a Somalia, al tratarse del primer político de alto rango de una administración estadounidense en visitar el país africano en más de dos décadas.

La embajada de Estados Unidos en la vecina Etiopía informó, a través de un comunicado difundido hoy, de que Sherman visitó Mogadiscio durante un viaje en el que se entrevistó con el nuevo presidente del país, Hassan Sheikh Mohamud.

"Sherman manifestó su convicción de que Somalia es ahora un lugar de esperanza, no de desesperación", indicó el texto divulgado por la misión estadounidense.

La visita, que se produjo ayer, también incluyó encuentros con el presidente del nuevo Parlamento, Mohammed Osman Jawari, el comandante de las fuerzas de la Misión de la Unión Africana en Somalia (AMISOM), Andrew Gutti, así como líderes de la sociedad civil somalí, entre otros.

Según el comunicado, el viaje de Sherman "subraya el compromiso del Gobierno de Estados Unidos con los esfuerzos de estabilización de Somalia".

Además, la subsecretaria de Estado celebró la inclusión, en el nuevo gabinete formado por el flamante primer ministro, Abdi Farah Shirdon, de dos mujeres, una de ellas como ministra de Asuntos Exteriores, "un reflejo positivo del importante rol que las mujeres desempeñan en todos los aspectos de la vida somalí".

A pesar de los avances logrados este año en el terreno político, con la elección de un Parlamento, un presidente y un primer ministro que puso fin al Ejecutivo de transición, Somalia se encuentra todavía inmersa en un conflicto armado.

En él, las tropas de la Misión de la Unión Africana en Somalia (AMISOM), el Ejército somalí, las Fuerzas Armadas etíopes y milicias pro gubernamentales combaten a la milicia radical islámica Al Shabab.

Al Shabab, que anunció el pasado febrero su unión formal a la red terrorista Al Qaeda, lucha para instaurar un Estado musulmán de corte wahabí en el país africano.

Aunque las tropas aliadas arrebataron a finales del pasado septiembre a Al Shabab su mayor bastión, la ciudad costera sureña de Kismayo, los radicales controlan buena parte del centro y el sur del país, donde el frágil Ejecutivo somalí aún no puede imponer su autoridad.

Somalia vive en un estado de guerra civil y caos desde 1991, cuando fue derrocado el dictador Mohamed Siad Barré, lo que dejó al país sin un gobierno medianamente efectivo y en manos de milicias radicales islámicas, señores de la guerra que responden a los intereses de un clan determinado y bandas de delincuentes armados.