Un aluvión de publicidad negativa, más de 2.000 millones de dólares en gastos y un sinfín de paradas de campaña, se reducen a esto: los estadounidenses probablemente elegirán un Congreso tan dividido como el que han criticado durante dos años.

En las votaciones del martes, los republicanos se encaminan a conseguir 435 escaños en la cámara baja, mientras que los demócratas esperan ganar un puñado de puestos de unas 60 contiendas competitivas, pero por debajo de los 25 necesarios para conseguir la mayoría. El presidente de la Cámara de Representantes, el republicano por Ohio John Boehner, está a punto de empuñar el martillo de nuevo.

Los demócratas del Senado probablemente mantengan su estrecha ventaja ya que los torpes comentarios de dos candidatos republicanos sobre violación y aborto podrían costarle al Partido Republicano el estado de Indiana y reduce las posibilidades de ganar Misurí, dos grandes obstáculos en la ruta republicana para la mayoría.

Los republicanos esperaban que las matemáticas funcionaran a su favor — los demócratas defienden 23 escaños, los republicanos 10 — pero unos fuertes reclutas demócratas y la reñida contienda presidencial, sumado a los tropiezos del candidato republicano, podría asegurarle al senador por Nevada, Harry Reid, la permanencia como líder de la mayoría en el Senado.

"Eso es en extremo frustrante para cualquiera que haya pensado que era una ventaja republicana", dijo Ron Bonjean, un consultor republicano y ex asesor en el capitolio, sobre los acontecimientos en Indiana y Misurí.

Sin importar quién gane la presidencia — el presidente Barack Obama o el republicano Mitt Romney — el nuevo líder de la nación tendrá que lidiar con un congreso que estará lejos de salvar el abismo ideológico y sin una inclinación a poner fin a los meses de disfunción.

Los miembros del Tea Party están seguros de tener una pequeña diferencia en el Senado con el republicano Ted Cruz muy favorecido en Texas y Deb Fischer cerca de obtener el escaño de Nebraska.

En la cámara baja, el movimiento que propulsó a los republicanos a la mayoría en 2010 estará incluso más fortalecido a pesar de que algunos miembros del partido pierdan.

Un sondeo de Bloomberg en septiembre encontró que 55% de los estadounidenses dicen que el Congreso continuará siendo un impedimento sin importar quién sea electo presidente. Apenas 32% dijo que el Congreso podría entender el mensaje y trabajar en conjunto.

El estratega demócrata Steve McMahon dijo que su preocupación es que con un Congreso dividido "podamos quizá esperar un hiperpartidismo y haya un atasco por todos lados. Parece que los estadounidenses pueden esperar más de lo mismo".

La otra certeza es que ni Obama ni Romney podrán fincar su mandato en la apretada contienda presidencial y es muy probable que el partido que tenga la mayoría en el Senado no podrá conseguir una mayoría que logre derrotar el obstruccionismo.

"Ningún candidato será capaz de asegurar que los votantes respaldaron un plan específico y claro para balancear el presupuesto porque ninguno de ellos ofreció tal plan", dijo John J. Pitney, profesor de política estadounidense en la Universidad de Claremont McKenna.

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Los periodistas de The Associated Press Andrew Miga y Henry C. Jackson contribuyeron con este despacho.