La luz regresó el sábado al bajo Manhattan entre exclamaciones de alegría y de tranquilidad de los residentes que habían quedado a oscuras durante cinco días a causa de la supertormenta Sandy.

Sin embargo, esa algarabía contrastaba con el profundo resentimiento de los habitantes en los suburbios y distritos metropolitanos de Nueva York donde persistía la falta de energía y una desesperante escasez de gasolina.

El descenso de las temperaturas ha agravado las dificultades de quienes padecen la falta de luz, calefacción o gasolina.

El alcalde Michael Bloomberg exhortó a los residentes de más edad que carezcan de calefacción a que se muden a albergues y señaló que ha comenzado la distribución de 25.000 frazadas en toda la ciudad.

"Somos neoyorquinos y vamos a superarlo", agregó. "Pero no quiero que nadie crea que ya estamos fuera de peligro", apuntó.

Bloomberg también dijo que podría tardar varios días resolver la falta de gasolina. Enormes filas que se extendían varias manzanas confluían en las gasolineras en toda la región que fue azotada por el temporal, incluido el norte de Nueva Jersey.

El gobernador Chris Christie impuso en el norte de ese estado un racionamiento de gasolina que recordó los peores días de la escasez de combustibles en la década de 1970.

Sin embargo, en ningún lugar predominaba tanto la confusión como en una estación de reabastecimiento en Brooklyn, donde la Guardia Nacional obsequiaba gasolina, en una medida para sosegar la situación.

En ese punto, una marea de vehículos sonaba sus bocinas, conductores desesperados y personas a pie llevaban todo tipo de bidones para recibir el combustible, desde botellas vacías de blanqueador hasta botellones de agua Poland Spring de cinco galones, en la postal más reciente de las penurias que provocó Sandy.

"Es el caos, es un pandemonio aquí", señaló Chris Damon, quien llevaba esperando tres horas y media en el lugar y había dado cinco vueltas a la manzana. "Parece que nadie tiene ninguna respuesta", apuntó.

"Me siento como víctima del huracán Katrina. Nunca pensé que esto podría ocurrir aquí en Nueva York, pero ha sucedido", agregó.

Damon, de 42 años, llegó desplazado a Brooklyn desde su casa en Queens, sector que todavía no tenía electricidad, igual que millones de personas en las afueras de Manhattan, desde Staten Island — el distrito metropolitano de Nueva York que resintió los mayores embates del temporal — hasta el condado de Westchester y otras zonas suburbanas.

Domingo Isasi, que hacía fila en una gasolinera en Staten Island, no se anduvo con rodeos en cuanto a lo que percibía como las divisiones entre Manhattan y los distritos metropolitanos de Nueva York.

"Ahí quedan retratadas las prioridades por el simple hecho de que en Manhattan ya fue restablecida la electricidad", dijo Isasi. Agregó que los habitantes de Staten Island están hasta abajo en la lista. "Somos los hijos bastardos a los que les dan coscorrones y les dicen que se callen", afirmó.

En una gasolinera en la que se obsequiaba gasolina en Queens, la escena era más tranquila pero no más feliz. Más de 400 vehículos hacían una fila que se extendía decenas de manzanas. Un camión cisterna llenaba los vehículos uno a la vez.

Un coche policial avanzaba en el lugar 250 con otro vehículo en la fila. Los agentes dijeron al conductor que esperaban que hubiera gasolina para cuando llegara hasta adelante.

Los parques reabrieron el sábado en la Ciudad de Nueva York. Tras la cancelación de la maratón en la ciudad muchos de los participantes que habían venido para participar trotaron para liberar su descontento por el Parque Central, que sería la meta de la competición.

Otros se movilizaban a toda prisa para reprogramar sus vuelos de regreso.

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Los periodistas de The Associated Press, Ben Nuckols, en Wall, Nueva Jersey; Katie Zezima, en Jersey City, en Nueva Jersey; y Verena Dobnik, AJ Connelly y Larry Neumeister, en Nueva York, contribuyeron a este despacho.