El ataque al consulado de Estados Unidos en Bengasi (Libia) ha recobrado fuerza como arma política contra el presidente Barack Obama, forzado a justificar en vísperas de las elecciones una gestión que, según los republicanos, debería costarle la reelección.

El "Bengasi-gate", como se definieron en su momento las opacas explicaciones del Gobierno estadounidense sobre su reacción al ataque a su consulado el pasado 11 de septiembre, había perdido atención en las últimas semanas de campaña, eclipsado por el debate económico y la cobertura mediática del ciclón "Sandy".

Pasado el huracán, legisladores y activistas republicanos han presionado a Obama para que revele antes de las elecciones del martes todo lo que supo su Gobierno tras el ataque, en una tormenta política que, lejos de quedarse en simples truenos, ha obligado a la CIA y el Pentágono a proporcionar detalladas explicaciones.

En una rara conferencia de prensa con un pequeño grupo de medios el jueves, funcionarios de la CIA ofrecieron un minucioso relato de lo que ocurrió la noche del 11 de septiembre, incluida la revelación de que la agencia de inteligencia tardó apenas 25 minutos en acudir al consulado desde que recibió la llamada de alerta sobre el ataque.

La rueda de prensa, en la que también se reveló que dos de los cuatro estadounidenses fallecidos, Tyrone Woods y Glen Doherty, eran agentes de la CIA que acudieron al rescate, se convocó en parte para rechazar una información de la cadena conservadora Fox News según la cual los agentes de inteligencia tenían instrucciones de "no hacer nada" tras el ataque.

Pero también se produjo un día después de que varios senadores republicanos pidieran a Obama responder, antes de las elecciones, a "la creciente percepción entre muchos votantes de que su Gobierno ha hecho un esfuerzo coordinado para distorsionar los hechos y poner trabas al Congreso y a los estadounidenses".

Así se pronunció el candidato republicano en 2008, John McCain, en una carta a la Casa Blanca firmada también por los senadores Lindsey Graham, Kelly Ayotte y Ron Johnson, a los que se han sumado las quejas del senador Marco Rubio y la carta similar enviada por el congresista Darrell Issa a la secretaria de Estado, Hillary Clinton.

En una conferencia de prensa en Washington el viernes, el analista Jeffrey Steinberg aseguró que Obama "hará todo lo que esté en su poder para que haya un silencio absoluto sobre lo que verdaderamente ocurrió hasta después de las elecciones".

El discurso de Steinberg, un experto vinculado a las teorías de la conspiración, coincidió con el que repiten los legisladores republicanos: que el Gobierno "sabía perfectamente lo que estaba ocurriendo" y eligió no obstante "encubrir" que se trataba de un acto terrorista.

El cambiante relato oficial, que durante dos semanas achacó el ataque a las "protestas espontáneas" por un vídeo antimusulmán y después lo atribuyó a militantes posiblemente vinculados a Al Qaeda, ha levantado sospechas de que Obama no quería reconocer un ataque terrorista tan cerca de las elecciones.

Para el experto en las relaciones entre Estados Unidos y Libia Frederic Wehrey, la razón por la que el Gobierno "envió mensajes confusos" fue la multiplicidad de informaciones en las primeras horas y la evidencia de que "no se trataba de un ataque clásico de Al Qaeda".

"No he visto ninguna prueba de que estuvieran intentando engañar deliberadamente a la gente o callarse nada", dijo a Efe Wehrey, analista en el centro de estudios Carnegie Endowment for International Peace.

Con él coincidió Michael O'Hanlon, del centro de estudios Brookings, quien recordó a Efe que en el fragor del ataque "algunos sospecharon un ataque terrorista, en la CIA y en otros lugares, pero otros muchos no estuvieron de acuerdo y hubo una discusión interna".

Según Wehrey, hay "definitivamente una agenda política" en las acusaciones de encubrimiento, y el asunto sólo podrá aclararse "si los ataques se detienen" y cuando el Gobierno concluya su investigación oficial, algo que, según el Departamento de Estado, no llegará hasta mediados de diciembre.

A tres días de las elecciones, los ataques contra Obama sobre Libia persisten por parte de prácticamente todos los republicanos menos uno: el candidato a la presidencia Mitt Romney, quien, tras cometer un error al hablar del tema en el segundo debate presidencial, ha optado por desterrarlo de sus discursos.