A las integrantes de la banda de punk Pussy Riot que cumplen sentencias de dos años de prisión se les debería dejar en libertad, afirmó el viernes el primer ministro de Rusia mientras el esposo de una de ellas trató de visitarla en el centro de confinamiento situado en una zona del centro de Rusia conocida por sus lúgubres gulags de la era estalinista.

Tres integrantes del grupo fueron condenadas por delitos de vandalismo en agosto por realizar una "oración punk" en la catedral de Moscú durante la que pidieron a la Virgen María que salvara al país del presidente Vladimir Putin.

Una de ellas, Yekaterina Samutsevich, fue liberada en una apelación el mes pasado, pero las otras dos, Nadezhda Tolokonnikova y Maria Alekhina, fueron enviadas a centros penitenciarios para cumplir sus sentencias.

El primer ministro Dmitry Medvedev dijo el viernes que había detestado el acto de Pussy Riot, pero agregó que las mujeres ya han estado en prisión el tiempo suficiente y deberían ser excarceladas. El primer ministro había hecho un comentario similar antes de las audiencias de apelación de octubre, avivando la especulación sobre su posible libertad.

Es poco probable que las declaraciones más recientes de Medvedev produzcan algún efecto, dado que es visto como una figura liberal pero nominal dentro del gobierno, a cuyas peticiones y órdenes rara vez se les da seguimiento.

También el viernes, las autoridades impidieron el acceso al esposo de Pyotr Verzilov a la prisión en la que se encuentra su esposa, Tolokonnikova, en la villa de Partsa en Mordovia, una región bastante conocida en Rusia por sus centros de confinamiento Gulag que fueron ocupados por decenas de miles de personas en la década de 1930s.

Tolokonnikova y un equipo de abogados planean apelar ante una corte regional para pedir que se le suspenda la sentencia hasta que la hija de cuatro años de la pareja, Gera, cumpla 14 años, dijo Verzilov.