No es difícil pronosticar, con base en encuestas y antecedentes, que los votantes blancos no hispanos escogerán al candidato republicano Mitt Romney por amplio margen en las elecciones presidenciales del martes. Y paradójicamente, esto representa un problema para su partido.

Las profundas divisiones raciales este año que asignan una gran proporción de votantes de grupos minoritarios al presidente Barack Obama significan que el Partido Republicano debe atraer a más votantes no blancos en los próximos años o ver cómo los demócratas se llevan consistentemente la mayoría de los votos en el Colegio Electoral que deciden al presidente. Para comprender el dilema republicano, podría considerarse la posibilidad de que Texas y Florida — que suman casi la cuarta parte de todos los votos del Colegio Electoral — se conviertan en estados consistentemente demócratas.

Más allá de la cuestión inmediata de si Romney podrá contrarrestar esta desventaja en los estados más reñidos en estos comicios, hay otra de mayor alcance: ¿qué pueden hacer los republicanos en el futuro para ganarse el apoyo de las minorías? ¿Podrán conseguirlo sin sacrificar los votos de los blancos?

El dilema no es nuevo, y los líderes republicanos están bien conscientes del problema.

El senador Lindsey Graham, de Carolina del Sur, se quejó este verano de que el partido no puede ganar solamente "con tipos blancos indignados", aunque Romney logre superar el 60% de los votos de los blancos. Según la encuesta a boca de urna en el 2008, los votantes blancos representaron 9 de cada 10 votos para el republicano John McCain. Unos 6 de cada 10 partidarios de Obama eran blancos.

"El Partido Republicano no puede esperar ganar la presidencia en el futuro dependiendo sencillamente de conseguir un número elevado de votantes blancos", advirtió Mark McKinnon, que fue alto asesor de la campaña de George W. Bush.

Las figuras prominentes de grupos minoritarios entre los republicanos dicen que se debe intensificar el diálogo en el seno del partido y que debe ser personal.

Juan Hernández, un activista republicano que recluta y recauda fondos para candidatos republicanos en Texas, dijo que aunque la retórica de Romney durante las primarias sobre el tema inmigratorio es una desventaja (ha propuesto "autodeportaciones"), la incapacidad de Obama para promover una restructuración de la ley inmigratoria crea una posibilidad para futuros candidatos republicanos.

"Si llega otro candidato y verdaderamente nos abre las puertas, nos escucha y lucha por los miembros de nuestras familias que sean indocumentados, entonces respaldaremos a esa persona", afirmó Hernández.

El senador por Florida Marco Rubio, de ascendencia cubana y una figura en ascenso entre los republicanos, dijo que su partido debe convencer a los hispanos de que acoge a los inmigrantes. Considera que "un gobierno limitado y la libre empresa" puede resultar atrayente para todos. Pero ambos admiten que hay barreras arraigadas.

"Puede que la inmigración no sea el tema número uno en la comunidad hispana, pero es un tema de contacto", dijo Rubio. "Importa el modo en que se hable sobre él".

Según las encuestas a boca de urna a nivel nacional, los hispanos fueron el 2% del electorado en 1992 y el 9% en el 2008. Este año podrían superar el 10%.

La mayoría de los aspirantes a la candidatura presidencial republicana respaldaron medidas de inmigración estrictas como las aprobadas en Arizona y Alabama. Varios apoyaron la idea de una barrera física en la frontera con México. Además de favorecer la "autodeportación", Romney se opone a la ley conocida como DREAM Act, apoyada por Obama, que daría un camino a la ciudadanía a los residentes que fueron traídos sin autorización legal al país cuando eran niños.

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La subdirectora de encuestas de Associated Press, Jennifer Agiesta, en Washington, contribuyó a este despacho.