El Comité Central del Partido Comunista de China (PCCh) inició hoy el plenario previo al XVIII Congreso del 8 de noviembre, último presidido por el máximo líder del país, Hu Jintao, con el fin de perfilar los preparativos para el relevo de la cúpula comunista y reformar la Constitución de esa formación.

El plenario se celebra a puerta cerrada en el hotel Jingxi, en el oeste de la ciudad, y en él participan unos 370 miembros titulares y suplentes del órgano rector del Partido, entre ellos los principales líderes chinos, muchos de ellos a punto de dejar sus puestos clave en el PCCh.

Hu Jintao, secretario general del PCCh y presidente de China, preside su última reunión del Comité Central, dado que en pocos días, al término del XVIII Congreso, el político de 69 años dejará su cargo en el Partido, donde las previsiones sitúan al vicepresidente Xi Jinping. Hu mantendrá la jefatura de Estado hasta marzo de 2013.

Aunque los resultados de las deliberaciones actuales no se conocerán cuando se celebre el Congreso, se sabe que en la agenda de estos debates destaca la deliberación de reformas a la Constitución del PCCh, el corpus ideológico de la formación fundada en 1921 y en el poder desde 1949.

Observadores en torno al PCCh apuntan la posibilidad de que la nueva enmienda constitucional suponga cierta modernización de la filosofía del partido e incluso la exclusión de parte de la ideología maoísta, lo que supondría un revés para las facciones más conservadoras en favor de las reformistas.

Otro punto en la agenda es la deliberación del informe sobre los progresos de China en los últimos cinco años que Hu leerá durante la inauguración del XVIII Congreso, el 8 de noviembre.

Según el diario "South China Morning Post", en el plenario del Comité Central que ahora se celebra también se confirmará formalmente la expulsión del ex ministro de Ferrocarriles Liu Zhijun y del ex secretario del PCCh en Chongqing Bo Xilai, ambos implicados en graves casos de corrupción.

Liu cayó en desgracia en 2011, al iniciarse una investigación contra él por posible malversación y sobornos en la multimillonaria construcción de la red de alta velocidad china.

Bo ha protagonizado en 2012 el mayor escándalo político que China ha vivido en dos décadas, y que ha incluido una condena a muerte contra su esposa, Gu Kailai, por asesinar a un empresario británico.

El plenario de hoy, cuya duración, como la del XVIII Congreso, es una incógnita, tomará "importantes decisiones de cambios de personal de cara al relevo generacional, así como en las políticas que establecerán la dirección del país para la próxima década", destacan analistas citados por el diario "South China Morning Post".

En el XVIII Congreso del PCCh, más de 2.200 delegados de la formación elegirán un nuevo Comité Central, cuya composición se anunciará en la clausura de la reunión (posiblemente el 14 de noviembre).

Al día siguiente, el nuevo Comité Central elegirá el Comité Permanente del PCCh, un reducido grupo de líderes (actualmente son nueve, pero se espera que el número se reduzca a siete) que regirá la política china en los próximos 10 años, y que se espera esté liderado por Xi Jinping.

Este Comité Permanente elegirá a su vez al Politburó, formado por 25 miembros del PCCh (incluyendo los siete nuevos máximos líderes), lo que completará el mayor relevo de la cúpula comunista desde 2002 y la retirada de la "cuarta generación" de mandatarios encabezada por Hu Jintao y el primer ministro, Wen Jiabao.

El relevo de poder, que se fragua desde hace meses en reuniones internas y que el régimen comunista intenta presentar en un marco de estabilidad y prosperidad económica, se ha visto afectado no sólo por el escándalo de Bo Xilai, sino más recientemente por las acusaciones de que la familia del primer ministro Wen acumula una gran fortuna, según un reportaje de "The New York Times".

A ello se unen muestras de un aumento del descontento social en China, precisamente por las críticas a la extendida corrupción entre los líderes comunistas, aunque las principales protestas en lo que va de año en el país han sido por críticas a la mala situación medioambiental, otro talón de Aquiles para el régimen.