La Organización Internacional del Trabajo (OIT) afirmó hoy que las cifras sobre desempleo juvenil "a veces pueden parecer confusas", por los diferentes sistemas para registrar la participación de los más jóvenes en el mercado laboral.

En un comentario publicado en la página web de la OIT, el jefe de la Unidad de Tendencias de Empleo de este organismo, Ekkehard Ernst, pone como ejemplo a España, que "tiene una alarmante tasa de desempleo juvenil de más de 54 por ciento, pero un coeficiente de desempleo juvenil de cerca 21 por ciento".

En Alemania, añade Ernst, "la tasa de desempleo (de los jóvenes) es de alrededor de 8 por ciento y el coeficiente de 4 por ciento".

El experto de la OIT explica que "la diferencia está en el denominador", en la manera de buscar el porcentaje, ya que la tasa incluye a los jóvenes de entre 16 y 25 años que trabajan y buscan empleo, y el coeficiente a toda la población en esa horquilla de edad, incluidos los estudiantes a tiempo completo.

Ernst considera que aplicar el coeficiente en lugar de la tasa para comparar los niveles de desempleo entre países puede ser útil, al existir diferencias significativas en la manera en que se registra la participación en el mercado laboral.

No obstante, advierte de que se puede llegar a conclusiones "engañosas" cuando la comparación se hace con países que tienen un sistema de formación profesional bien desarrollado, como Alemania, que considera empleados a los jóvenes que siguen este tipo de formación porque lo hacen en un entorno laboral.

Por contra, otros países solo consideran integrantes de la fuerza laboral juvenil a los jóvenes que han completado sus estudios o los han abandonado y están buscando trabajo.

"Por lo tanto, comparar las tasas de desempleo juvenil entre países puede ofrecer una imagen engañosa. También puede sugerir de manera equivocada que ciertos sistemas de educación son eficientes a la hora de reducir el desempleo juvenil", afirma Ernst.

En este sentido, según este experto, el coeficiente de desempleo puede ser una herramienta útil, aunque tiende a subestimar la extensión del desempleo entre los jóvenes, en especial cuando la participación de la fuerza de trabajo juvenil es baja y las tasas de desempleo de los jóvenes son altas.

"En muchas economías emergentes y en desarrollo, tanto las tasas como los coeficientes con frecuencia minimizan los problemas que los jóvenes afrontan en el mercado laboral", indica.

En esos países, argumenta Ernst, las tasas de participación de la fuerza laboral juvenil son por lo general más altas que en las economías desarrolladas, porque "muchos jóvenes aceptan cualquier trabajo disponible".

"Como resultado, las cifras tienden a sugerir una situación del empleo juvenil mejor de lo que realmente es. Pero la realidad es que muchos jóvenes en las economías en desarrollo tienen empleos de pobre calidad y un acceso limitado a la protección social", afirma.