Mientras los habitantes de las ciudades costeras de Nueva Jersey retiran paladas de arena y ponen a secar sus pertenencias, la respuesta al desastre por parte del presidente demócrata Barack Obama y del gobernador republicano del estado ha unido a una comunidad en plena tormenta electoral por la Casa Blanca.

Desvincular la política del desastre que ha supuesto el huracán es difícil a pocos días de que el 6 de noviembre el país elija presidente, pero la eficiente respuesta tanto desde el Gobierno federal del demócrata Barack Obama como de las autoridades estatales de Nueva Jersey, gobernado por el republicano Chris Christie, ha conseguido lo que parecía imposible: halagos para ambas partes.

"El gobernador Christie fue previsor y Obama ha prometido que va a eliminar los obstáculos burocráticos a las ayudas de emergencia", asegura Adrien Fink, propietaria de una tienda de recuerdos en la pequeña localidad de Sea Isle City, que sigue cerrada al mundo por la policía para que los servicios de emergencia puedan trabajar.

"Nos han hecho promesas, es vital que faciliten las ayudas, mi familia vive de esta tienda y aún queda mucho por hacer; menos mal que el huracán llegó en temporada baja y no en verano", dice Fink, que sigue sacando inventario mojado por la tormenta.

A nadie en la zona le pasa inadvertida la excepcionalidad de que Christie, uno de los republicanos más populares y listo siempre para enviar mandobles a los demócratas, haya hecho buenas migas con Obama durante su visita a Atlantic City, duramente golpeada por el ciclón, este miércoles.

"No puedo estar más agradecido al presidente por su preocupación personal y su compasión", señaló Christie durante la visita a una ciudad que ha quedado despoblada por las evacuaciones y que poco a poco recupera el pulso con la llegada de la electricidad tras ser barrida por el mar.

"El gobernador es un líder extraordinario... ha sido responsable durante todo el proceso", replicó el presidente tras ver desde el aire la ciudad y reunirse y abrazar a los refugiados.

Jim Tracey, que lleva sus 70 años en Sea Isle City y cuya tienda de caramelos dista escaso metros de la playa, no había visto nunca destrucción igual, y aunque no pudo visitar su negocio hasta un día después, no se esperaba tan rápida acción de las excavadoras y otros servicios.

"Ya han limpiado de arena las calles", apunta, si perder de vista a su alrededor las camionetas de operarios que circulan de arriba abajo saltándose semáforos en rojo que ya no sirven en un pueblo sin habitantes.

La policía del estado está desplegada en cada uno de los accesos a las ciudades costeras de Nueva Jersey para acelerar las labores de ambulancias, bomberos o convoyes de operarios, mientras que helicópteros militares de transporte distribuyen material a las zonas más golpeadas.

La coordinación entre la agencias federales y las del estado de Nueva Jersey, con la prioridad de restaurar lo antes posible el suministro eléctrico, ha motivado también un cambio de tono en unas elecciones muy reñidas entre Obama y su rival republicano, Mitt Romney, que se ha quedado en un segundo plano a pocos días de la jornada electoral.

Nadie tiene grandes quejas sobre la gestión de un huracán que reconocen fue más duro de lo que podía esperarse y que ha dejado seis víctimas en el estado, por debajo del recuento de otras regiones vecinas, y cuyo total a nivel nacional se cifra ya en alrededor de medio centenar.

Tracey recuerda que durante el mandato de Christie se construyó un pase marítimo elevado que en su opinión ha reducido el efecto destructor de la tormenta, que cree pudo ser mucho peor, y ha dejado el suelo de su tienda empapado y lleno de arena.

"No se podían esperar algo así", reconoce Tracey, que no pierde el optimismo y confía en que se vuelva pronto a la normalidad.

Los habitantes de la costa de Nueva Jersey ven el movimiento que se ha generado en la zona para restablecer la normalidad y por el momento solo piden "electricidad lo antes posible", bombas de agua y el paso más frecuente por sus calles de los operarios.

El campechano Christie obtiene grandes simpatías entre los habitantes de Nueva Jersey, algo que no se le escapa a un político que muchos analistas ven con opciones en 2016, si fracasa dentro de unos días el intento de Romney.

Jairo Mejía