La devastación causada por la marea en Nueva York pudo haberse evitado con una barrera oceánica semejante a las que protegen las principales ciudades europeas, afirmaron algunos científicos e ingenieros. El costo multimillonario ha frenado este proyecto, que sin embargo parece ahora más deseable tras los daños que dejó la supertormenta Sandy.

"Ha llegado el momento. La ciudad tendrá finalmente que afrontar esto", consideró el profesor de oceanografía Malcolm J. Bowman, de la Universidad Stony Brook en Long Island.

Durante años, Bowman ha advertido del riesgo de marejadas catastróficas durante las tormentas en Nueva York, y ha abogado por la construcción de la serie de diques.

A instancias de Bowman y de su colega Douglas Hill, dos firmas europeas de ingeniería han trazado propuestas para proteger buena parte de Nueva York de la fuerza del mar, a un precio que asciende casi a 6.000 millones de dólares.

Antes de la tormenta, el gobierno del alcalde Michael Bloomberg dijo que trabajaba para analizar los riesgos de desastres naturales y la efectividad de varias técnicas de protección de la costa, incluidas barreras oceánicas. Sin embargo, las autoridades han destacado que esos rompeolas avanzados fueron sólo una entre varias ideas.

Con frecuencia, el gobierno local ha puesto el énfasis en pasos más modestos e inmediatos que ha dado la ciudad, como la instalación de compuertas en las plantas de tratamiento de aguas negras y la elevación del nivel de suelo durante el remozamiento de una zona baja en el barrio de Queens.

"Se trata de una serie de intervenciones pequeñas que con el tiempo nos llevarán a un sistema más natural" para lidiar con el cambio climático y con el aumento del nivel del mar, dijo el comisionado ambiental de la ciudad, Carter H. Strickland, en una entrevista publicada a mediados de este año por el diario The New York Times.

Los ingenieros conocen esta estrategia como "resistencia". Esencialmente, se trata de reforzar la ciudad parte por parte, para que resista la invasión de la marea sin sufrir daños graves. Pero las empresas europeas de ingeniería, cuyas barreras protegen Holanda y la metrópolis rusa de San Petersburgo, consideran que esta propuesta resulta muy poco realista, ante la gran cantidad de infraestructura costosa que soporta el funcionamiento de Nueva York.

"¿De qué manera puede Nueva York, como ciudad, replegarse a una modalidad de resistencia? Es difícil ver cómo ocurriría ello", dijo Graeme Forsyth, ingeniero de CH2M Hill en Glasgow, Escocia.

Sandy provocó un aumento de más de cuatro metros (14 pies) en el nivel de la marea en el puerto de Nueva York. El agua terminó inundando túneles del tren subterráneo y aeropuertos. La Bolsa de Valores de Nueva York debió suspender sus operaciones por dos días, la primera vez que ello ocurre por causas meteorológicas desde 1888. No hay todavía un estimado de los daños materiales en la ciudad de Nueva York, pero la firma IHS Global Insight los calculó en 20.000 millones de dólares a lo largo de la costa, además de entre 10.000 y 30.000 millones por la suspensión de la actividad económica.

Forsyth ha trabajado en la barrera de San Petersburgo, que consta de 25 kilómetros (16 millas) de diques y compuertas que protegen la ciudad, construida en lo que fue un pantano, contra mareas del Mar Báltico y un posible desbordamiento del río Neva. El eje de la primera propuesta que hizo su firma a Nueva York consiste en una barrera, tipo dique, que se extendería ocho kilómetros (cinco millas) desde la Península de Rockaway, en Queens hasta el promontorio Sandy Hook, en Nueva Jersey.

La barrera detendría un aumento de hasta 10 metros (30 pies) en la marea, el doble de lo provocado por Sandy. Una serie de huecos permitiría el paso de barcos, del agua de río y de la marea normal, pero las compuertas mecánicas aislarían la Bahía de Nueva York respecto del Atlántico en caso necesario. La barrera protegería buena parte de la ciudad, con la excepción de la propia Rockaway.

Sería también un escudo para varias partes de Nueva Jersey.

Algunos científicos han manifestado dudas sobre este proyecto. Les preocupa cómo las estructuras podrían afectar el flujo de la marea y otras cuestiones ambientales en el puerto de Nueva York. Preguntan también si esta barrera sería equitativa para la sociedad.

"¿Quién queda incluido detrás de la compuerta y quién queda fuera? ¿Cómo tomas esa decisión de una manera justa?", preguntó Robert Swanson, oceanógrafo que es colega de Bowman en Stony Brook, durante una entrevista realizada en agosto.