Un grupo de personas afectadas por los enfrentamientos étnicos en el oeste de Mianmar fustigó al gobierno por no impedir los hechos de violencia entre musulmanes y budistas que en la última semana han provocado el desplazamiento de más de 32.000 personas.

La crisis, que estalló en junio, suscitó preocupación internacional y representa uno de los desafíos más grandes que haya afrontado a la fecha la presidenta reformista Thien Sein, que heredó en 2011 el poder de una junta militar xenófoba.

Los sucesos de violencia más recientes entre budistas de la etnia rakhine y musulmanes de la etnia rohingya comenzaron el 21 de octubre con un resultado provisional de al menos 84 muertos y 129 heridos, según el gobierno. Diversos grupos defensores de los derechos y humanos consideran que es más alta la cifra de víctimas.

"Las autoridades no están resolviendo el problema y los soldados no nos defienden", dijo Kyaw Myint, un musulmán que se refugió en el campamento de Thechaung, en las afueras de Sittwe, capital del estado de Rakhine. Myint huyó el miércoles de su casa debido a que fue incendiada en la localidad próxima de Pauktaw.

"Siento que vivo en el infierno", señaló. "No tenemos a nadie que se preocupe de nosotros, ningún lugar a dónde ir, ni trabajo para conseguir sustento".

Un comerciante de la etnia rakhine llamado Maung Than Naing, de 37 años, expresó por teléfono en la aldea de Kyauktaw su disgusto por la manera como el gobierno ha manejado la violencia.

"Estamos indefensos porque el gobierno no enfrenta el problema de raíz", afirmó. "Ya no queremos vivir con los musulmanes".

Maung Than Naing, que también perdió su casa en un ataque incendiario, responsabilizó a los rohingya de la alteración de la tranquilidad.

___

Aye Aye Win informó desde Rangún, Mianmar.