El primer ministro francés, Jean-Marc Ayrault, abrió hoy el debate sobre la supresión de las 35 horas semanales de trabajo, en vigor desde hace una docena de años, aunque tras las primeras reacciones puntualizó que no tiene intención de cambiar ese régimen laboral.

Ayrault, en una entrevista publicada por el diario "Le Parisien", mostró su disposición a que se discuta la vuelta a un régimen de 39 horas semanales, como ha pedido siempre la patronal, y dijo que "no es un tema tabú".

A la pregunta de un lector de "Le Parisien" sobre la posibilidad de restablecer las 39 horas, el primer ministro socialista añadió que no es "dogmático" y que "lo único que (le) preocupa es que Francia está averiada y que hay que volver a arrancar el motor", lo que requiere "un buen compromiso" entre empresarios y trabajadores.

Pero esta mañana, en declaraciones a la emisora de radio "France Info" Ayrault aseguró que "el Gobierno no tiene intención de cambiar esta ley" que instauró las 35 horas, una de las medidas estrella del mandato del primer ministro socialista Lionel Jospin (1997-2002).

Afirmó que no quería iniciar "una nueva polémica", que la supresión de las 35 horas "es una pista falsa", que "no es la causa de nuestras dificultades económicas, hay muchas otras".

Igualmente indicó que en el informe sobre la competitividad que le ha preparado el expresidente de EADS, Louis Gallos, no hay ninguna propuesta en ese sentido, y que si las hubiera habido, "el Gobierno no las habría retenido".

La entrevista en "Le Parisien" había empezado a generar una cadena de reacciones, como la de François Cherèque, secretario general de la Confederación Francesa de Trabajadores (CFDT, segundo sindicato del país), que había advertido de que si se reformaban las 35 horas para volver a 39, el Ejecutivo se enfrentaría a su organización.

El régimen de las 35 horas se aplicó obligatoriamente a las empresas de más de 20 trabajadores, mientras que las más pequeñas pudieron mantenerse en 39 con un mecanismo complejo de pago de horas extraordinarias libres de cotizaciones, una exención fiscal que Ayrault suprimió con efecto desde septiembre y que ha supuesto una reducción de salarios.