En una de las campañas más reñidas de la historia reciente en EE.UU., el presidente y candidato demócrata, Barack Obama, pide cuatro años más para culminar una misión que está "a medias" y el aspirante republicano, Mitt Romney, promete un nuevo rumbo para impulsar la economía avalado por su éxito empresarial.

El empate entre ambos se ratifica sondeo tras sondeo y, si las proyecciones se cumplen, el que gane el 6 de noviembre lo hará por estrecho margen y poca diferencia de votos en estados cruciales y tradicionalmente indecisos como Florida, Ohio y Virginia.

Obama, el primer presidente negro de la historia de EE.UU., es el favorito entre las mujeres, los hispanos y los afroamericanos, en tanto que Romney, empresario desde hace décadas y reconocido por su gestión como gobernador de Massachusetts entre 2003 y 2007, lleva ventaja entre los hombres y la mayoría blanca del país.

Los estadounidenses opinan, según las encuestas, que Romney está más capacitado para gestionar la economía, la principal preocupación ciudadana, pero Obama está mejor considerado cuando se trata de asuntos sociales y política exterior.

Las diferencias "más pronunciadas" entre los dos candidatos tienen que ver con "la salud, las guerras en curso, la política migratoria y asuntos de género como los derechos reproductivos y la igualdad salarial", explicó a Efe Susan Burgess, profesora de Ciencias Políticas de la Universidad de Ohio.

Obama aprobó en 2010 una histórica reforma que establece el seguro médico obligatorio y Romney ha prometido derogarla si llega a la Casa Blanca, pese a que es muy similar a una ley que él promulgó en Massachusetts cuando era gobernador.

También ha sido el presidente que puso fin a la guerra de Irak, fijó la retirada de Afganistán para 2014 y autorizó la operación militar que acabó con la vida del líder de al Qaeda, Osama bin Laden, en mayo de 2011.

Sin embargo, no ha cumplido dos importantes promesas: el cierre de la polémica cárcel de Guantánamo y la reforma migratoria.

Si logra quedarse otros cuatro años en la Casa Blanca ha asegurado que pondrá en marcha esa reforma, así como una serie de iniciativas para reactivar la economía que se resumen en más gasto en educación, más empleos en el sector manufacturero, menos dependencia del petróleo extranjero y más impuestos a los ricos.

Romney también tiene su propio plan para que la economía estadounidense se recupere de la peor crisis desde la Gran Depresión, basado en reducir el tamaño del gobierno y el gasto público, excepto el destinado a defensa, y en rebajas de impuestos para los ciudadanos y las corporaciones.

En las últimas semanas se ha mostrado moderado en asuntos como la inmigración o el aborto, en contraste con su imagen de firme conservador durante el largo proceso de primarias republicanas que comenzó en enero y quedó sentenciado en mayo cuando se aseguró matemáticamente la candidatura presidencial de su partido.

Obama anunció el año pasado que aspiraría a la reelección y tuvo desde entonces el apoyo en bloque del Partido Demócrata a su candidatura.

En las convenciones republicana (agosto) y demócrata (septiembre) Romney y Obama aceptaron formalmente la candidatura para luchar por la presidencia y en la recta final de la campaña en este mes de octubre la atención se centró en los tres debates televisados entre ambos.

En el primero se impuso Romney con claridad ante un Obama desconocido que parecía estar incómodo con el simple hecho de debatir, y los otros dos, el último de ellos dedicado a política exterior, los ganó el presidente, según las encuestas.

A juzgar por esos mismos sondeos, Romney ha salido beneficiado de los debates después de un "septiembre negro" en el que llegó a estar 10 puntos por debajo de Obama en estados claves como Ohio especialmente a raíz de la difusión de un polémico vídeo en el que menospreciaba al "47 por ciento" de los votantes.

Pero la última palabra la tienen los que ya están votando por adelantado y los que lo harán el 6 de noviembre para decidir quién se lleva, de un total de 538, los 270 votos del Colegio Electoral necesarios para ser elegido presidente.

En estas elecciones también se renovará un tercio (33 escaños) del Senado, donde los demócratas tienen una mayoría muy ajustada que podrían perder, y los 435 asientos de la Cámara de Representantes, que seguirán casi con toda seguridad en poder de los republicanos.

Además, en 39 de los 51 territorios que conforman EEUU (50 estados más el Distrito de Columbia) se votarán 178 iniciativas legislativas de carácter estatal, medio centenar de las cuales son propuestas ciudadanas.