La ONG Human Rights Watch instó hoy al Gobierno de Birmania a parar de manera "inmediata" el rebrote de violencia sectaria que se expande por el oeste de Birmania entre musulmanes y budistas que ha causado al menos 67 muertos en menos de una semana.

La organización internacional publicó hoy unas fotografías de satélite donde se aprecia la destrucción completa de un barrio de la ciudad de Kyaukpyu, donde residía la población de la etnia musulmana rohingya.

En las instantáneas se pueden contabilizar más de 800 edificios y casas flotantes destruidas.

"A menos que las autoridades comiencen a abordar las causas profundas de esta violencia, solo es probable que este conflicto empeore", declaró en un comunicado Phil Robertson, subdirector de Human Right Watch para Asia.

La televisión estatal informó anoche de que el Gobierno había revisado a la baja la estimación del numero de víctimas mortales desde que rebrotaran los disturbios el pasado domingo al dejarla en 67 muertos, 95 heridos y casi 3.000 hogares destruidos.

El portavoz del Estado Rakhine (antigua Arakan), Win Myaing, donde se producen los enfrentamientos, contabilizó en un primer momento en 112 los fallecidos entre musulmanes y budistas.

En un intento por contener los enfrentamientos, las autoridades mantenían el toque de queda en las aldeas de Mrauk U y Minbya, los dos lugares en los que comenzó la violencia que luego se extendió a otras localidades de está región ubicada a unos 600 kilómetros al noroeste de Rangún, la antigua capital birmana.

El portavoz oficial explicó que el Gobierno central había dado a las tropas la orden de patrullar de día y noche seis localidades y de disolver mediante el empleo de la fuerza cualquier agrupación pública formada por más de cinco personas.

La agencia para los refugiados de la ONU indicó hoy en un comunicado que al menos 2.500 personas de la etnia rohingya han abandonado sus hogares en la región para acudir a los campos de refugiados en el oeste de Birmania.

Estos disturbios siguen a la que se desataron el pasado 28 de mayo en la misma región y que causaron a lo largo de varios días al menos 88 muertos, la mayoría musulmanes de la etnia rohingya.

El detonante de aquella primera ola de violencia, durante la que también fueron destruidas 2.230 casas y unas 100.000 huyeron de las aldeas, fue el hallazgo del cadáver de una mujer budista violada y asesinada por tres musulmanes.

Unos 800.000 musulmanes de la etnia rohingya habitan en Birmania, la mayoría en Rakhine, aunque las autoridades de este país de mayoría budista no les reconocen la ciudadanía y mantienen que proceden de la vecina Bangladesh.

Esta comunidad apátrida tampoco es reconocida en Bangladesh, donde unos 300.000 rohingya se encuentran hacinados en campos de refugiados.