Cuarenta y una personas murieron cuando un atacante suicida detonó sus explosivos frente a una mezquita donde estaban reunidos altos funcionarios regionales en el norte de Afganistán, durante una importante festividad musulmana. Los funcionarios escaparon ilesos y muchos de los muertos fueron policías y soldados.

Fue el ataque más reciente de una serie de atentados en las últimas semanas contra funcionarios del gobierno, policías y soldados. La selección de blancos sugiere que los insurgentes se vuelcan cada vez más contra las autoridades y las efectivos de seguridad ahora que la OTAN se aproxima al retiro definitivo de las fuerzas extranjeras en el 2014.

Las muertes de soldados y policías afganos superan en lo que va del año las del 2011, según el vocero del ejército, general Mohamad Zaher Azimi. Aunque el Talibán se atribuyó responsabilidad de un aumento paralelo en ataques de las fuerzas afganas a sus secuaces extranjeros, el número de muertos de la coalición ha sido notablemente menor al del año pasado.

La ministra de salud Soraya Dalil dijo que el ataque del viernes dejó 41 muertos y 56 heridos.

Por lo menos hubo 14 civiles entre los muertos, dos días después que el líder del Talibán, el mulá Mohamad Omar, instó a sus combatientes a "prestar atención a impedir las bajas civiles" porque dijo que el enemigo trataba de atribuirlas a los insurgentes. Según las Naciones Unidas, los ataques del Talibán representan la vasta mayoría de bajas civiles en la guerra.

Nadie se atribuyó inmediatamente el ataque frente a la mezquita. El atentado ocurrió en la ciudad de Maymana, capital de la provincia norteña de Fayab, donde el Talibán y milicias aliadas han estado activas lejos de sus tradicionales bastiones en el sur y el este de Afganistán.

El ataque se produjo después que altos funcionarios provinciales, incluso el gobernador y el jefe de policía, se reunieron en la mezquita para celebrar la festividad de Eid al-Adha. La explosión ocurrió en medio de una nutrida multitud que incluía policías y soldados a la espera de la salida de los dignatarios.

"Los blancos del atacante eran los funcionarios dentro de la mezquita", dijo el vicegobernador Abdul Satar Barez. No se reportó que nadie dentro de la mezquita hubiese resultado herido. La carnicería fue afuera.

"Había sangre y cadáveres por doquier", dijo Jaled, un médico que estaba en la mezquita durante el ataque y que, al igual que muchos afganos, se identifica sólo con un nombre. "Fue una masacre", comentó.

Escenas de video mostraron los cadáveres de varios soldados y policías cerca de sus vehículos estacionados en una avenida de la ciudad, a unos 500 kilómetros (300 millas) al noroeste de la capital Kabul.

Por otro lado, el Talibán reivindicó el viernes la muerte de dos soldados estadounidenses en la provincia sureña de Uruzgán, en lo que podría ser un nuevo ataque de un efectivo afgano contra las fuerzas occidentales.

En un comunicado por correo electrónico, el vocero talibán Jusuf Ahmadi aseguró que un miembro de las fuerzas afganas de seguridad mató a tiros a los dos soldados y luego escapó para incorporarse a los insurgentes.