El mundo árabe recibió hoy convulso la llegada de la Fiesta musulmana del Sacrificio ("Aid al Adha"), donde los banquetes familiares y la introspección intentarán hacer olvidar por unos días el momento crítico que vive la región.

Desde la guerra civil en Siria a la inestabilidad política en Egipto y Jordania o la amenaza terrorista en Irak, Oriente Medio aprovecha el respiro de los cuatro días festivos para soñar con un futuro mejor y más estable.

Los sirios confían en que la tregua temporal aceptada por el Gobierno y los rebeldes, que ya ha comenzado a mostrar serias grietas, les conceda algo de paz y les permita visitar a sus parientes, como es habitual en esta festividad marcada por un profundo carácter familiar.

También esperan que el alto el fuego pueda servir para cumplir con otras tradiciones sociales como comprar ropa nueva o visitar las tumbas de los seres queridos.

Pese a todo, el ambiente de tristeza y pesimismo hace que, este año, los sirios tan solo aspiren a no presenciar las diarias escenas de destrucción y muerte en las televisiones y a que sus niños puedan olvidar la guerra jugando en parques y plazas.

Mientras, en Irak, las autoridades han preparado un plan de seguridad especial para esta fiesta, que incluye un despliegue mayor de agentes en las principales avenidas y lugares públicos a los que acude la gente durante esta ocasión.

La policía intensificará las inspecciones de vehículos y llevará a cabo patrullas para garantizar la tranquilidad y la ausencia de los atentados terroristas que asuelan a diario este país desde hace una década.

Como todos los años, los musulmanes iraquíes, tras participar en el gran rezo que marca el comienzo de esta festividad al amanecer, han sacrificado corderos, carneros, vacas y camellos, mientras se saludan con el tradicional "kule aam ua entu bijeir" ("que todo el año estéis bien").

Ese mismo clima de tristeza e incertidumbre se respira en el Líbano, tras el reciente atentado contra el jefe de los servicios de inteligencia, Wisan al Hasan, y los consiguientes enfrentamientos confesionales, que se cobraron la vida de once personas.

El muftí del Líbano (la más alta autoridad religiosa del país), el jeque Mohamad Rachid Kabani, anunció que no iba a recibir las felicitaciones tras el atentado del viernes pasado.

En el Líbano, donde conviven 18 comunidades religiosas, es tradicional que los cristianos feliciten a los musulmanes durante estas fiestas, que son las únicas que la minoría drusa comparte con los musulmanes.

Sin embargo, como reconocen varios musulmanes interrogados por Efe, este año existen pocos motivos para la celebración.

"¿Qué fiesta podemos celebrar tal como está la situación ahora? Sería reírnos de nosotros mismos decir que reina un espíritu festivo", asegura una libanesa musulmana.

La incertidumbre política y la crisis económica planean también sobre Jordania, donde los candidatos a las elecciones legislativas del próximo 23 de enero aprovechan estos días para hacer campaña y darse a conocer entre los ciudadanos.

El principal grupo de la oposición, el Frente de Acción Islámica (FAI, brazo político de los Hermanos Musulmanes) ya ha anunciado que no participará en los comicios, y tampoco desaprovechará la oportunidad de hacer proselitismo en favor del boicot electoral.

Mientras, las difíciles circunstancias económicas han hecho que este año los mercados se hallen más vacíos de lo habitual, por la pérdida de poder adquisitivo de los jordanos, algo que también han notado los vendedores de ropa, que también se quejan de una temporada mucho menos fructífera de lo habitual.

Los nuevos vecinos de los jordanos, los miles de refugiados sirios que han huido de la violencia en su país, contarán este año con la solidaridad de Jordania y países del Golfo Pérsico, que han lanzado una campaña para hacer donaciones y regalos en los campamentos de Zaatari, Ramtha y Mafraq.

Unos 20.000 artículos de ropa se distribuyeron el miércoles en el campo de refugiados de Zaatari, el mayor de todos ellos, según anunció el director de Cooperación de la oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR) en Ammán.

Mientras, en Egipto, los efectos de la inflación también se hacen notar en esta festividad, como reconoció a Efe el carnicero Mohamed Ali, que cifró en 70 libras (9 euros, 12 dólares) el kilo de cordero este año.

Pese a la inestable situación política, con un presidente que concentra ahora mismo todos los poderes ejecutivos y legislativas, la egipcia Um Mohamed se mostraba contenta "porque hoy es una ocasión especial" y podrá cocinar para sus cuatro hijos "carne con arroz" en su hogar en el barrio islámico de El Cairo.