Entramos por una enorme puerta metálica a un garaje donde fuimos llamados por nuestro nombre, uno por uno, y cateados por policías para asegurar que no llevábamos ni celulares ni armas. Tras firmar en un libro nuestro registro de ingreso, pasamos por un corredor flanqueado por un muro de unos 10 metros coronado por alambre de púas, y de ahí al interior de un edificio donde hubo una segunda inspección.

Entre olores a comida, barniz y cañería y el saludo de algunos presos que trabajaban en talleres de artesanía a lo largo de un corredor, llegamos a un auditorio donde dos actores nos llevaron en fila india, tomados de la mano en la penumbra, hasta nuestros asientos. Era la una de la tarde un sábado en la Penitenciaría del Distrito Federal y todo estaba listo para "Ricardo III".

La función comenzó con un estruendo de tambores que sacudió a las cerca de 40 personas en el público, algunos presos o familiares de los estos, otros ciudadanos libres que llegaron en un autobús.

La obra, una versión libre del clásico de William Shakespeare, se desarrolla con un ritmo incansable de coronaciones, asesinatos y destronamientos en los que todos los reyes se llaman Ricardo y todos tienen algún tipo de deformidad que ha sido subsanada con una prótesis.

Salvo por dos actores externos, los integrantes de la compañía de teatro llevan años tras las rejas cumpliendo sentencias por homicidio, secuestro y violación, entre otros crímenes. Pero en el transcurso de dos horas libres y condenados compartieron tranquilamente a un mismo nivel, escenario y butacas en un mismo piso.

"Esto es muy contemporáneo (el montaje), pero es de todos los tiempos. La maldad que tiene Ricardo III cada persona la tenemos. A veces nuestra doble moral o los antifaces que nos ponemos son las que evitan que salgan, pero créanme que a veces hay más luz aquí dentro que allá afuera", dijo César Martínez, de 46 años, quien cumple desde hace ocho una sentencia a 76 años por secuestro.

La puesta es el producto del trabajo de la Compañía de Teatro de la Penitenciaría del Distrito Federal, surgida en 2009, cuando los presos solicitaron un taller a los directores Itari Marta y Luis Sierra del Foro Shakespeare, tras ver en televisión una entrevista a Marta sobre un proyecto similar en una penitenciaría femenina.

La idea de montar "Ricardo III" fue planteada por los directores a los integrantes de la compañía.

"Muchos compañeros nunca habían leído a Shakespeare... Cuando nos dijeron que no iban a ser diálogos así como vienen en el libro y que la construcción de diálogos iba a ser por nuestra cuenta eso nos pareció mucho más interesante", dijo Javier González, quien cumplía una condena de 12 años de prisión por robo de autos.

La idea era crear una compañía profesional con presentaciones para un público externo. Su primera obra fue "Cabaret Pánico" de Alejandro Jodorowsky en el 2009. La segunda es "Ricardo III", que actualmente se presenta en su segunda temporada. En la primera temporada tuvieron 30 funciones y en lo que va de esta han presentado unas 45 sabatinas. Sierra calcula que entre "Cabaret Pánico" y "Ricardo III" los han visto unas 5.000 personas.

Los boletos cuestan 250 pesos (unos 19 dólares) para el público externo e incluyen el transporte en autobús, que sale desde el Foro Shakespeare en el contrastante barrio Roma, uno de los más chic de la ciudad. Los presos y sus familiares pueden ver la obra gratis. Del costo de las entradas se deducen los gastos de producción, pero la mayor parte de las ganancias van a los actores, cuyo sueldo se define según su antigüedad en la compañía. También se hacen audiciones y ensayos de cuatro horas dos veces a la semana.

"Esa es la idea de profesionalizar una compañía", dijo Sierra.

Dos integrantes de la compañía que empezaron presos pero ya están libres han seguido trabajando con la misma, y González es uno de ellos. Israel Rodríguez fue el primero. Tenía 17 años al entrar a la cárcel acusado de homicidio y salió a los 33. En la actualidad da talleres de teatro con el Foro Shakespeare en un centro de readaptación para menores de edad y para mujeres que han sido víctimas de violencia. En "Ricardo III" acompaña al público en el autobús que los lleva a la penitenciaría.

"El teatro a mí me ha regalado muchas cosas, ha sido muy generoso y a mí me toca ser generoso", dijo Rodríguez, quien comenzó a hacer teatro en la prisión. "Poderlo compartir a otro ser humano me da la oportunidad de crecer, el teatro para mí es la vida".

Todo este trabajo no fue sencillo, empezando porque la reglamentación de la penitenciaría prohíbe que un interno tome la palabra donde hay una autoridad, a menos que se lo soliciten.

"Cuesta mucho convencer a las autoridades de que este puede ser un modelo de intervención exitoso porque desarrolla estas habilidades sociales en los internos que son la disciplina, la tolerancia, el trabajo en equipo, a través de representar una obra de teatro", dijo Jaqueline Roumeau, directora artística de la compañía Corporación de Artistas por la Rehabilitación y Reinserción Social a Través del Arte, organizadora del Simposio Internacional Teatro y Prisión.

El teatro en las cárceles "tiene una labor social importantísima. Los que hacemos teatro en prisión nos hemos dado cuenta de eso, de que es muy importante... poder mostrar la realidad de un sector que no tiene voz en el mundo", señaló Roumeau, quien tiene 14 años de experiencia en el teatro penitenciario, en una entrevista telefónica desde Santiago de Chile.

Para el maestro en psicología Gustavo Beck, profesor de la Universidad Iberoamericana de México, el teatro penitenciario también es una herramienta útil para la sociedad.

"Sirve más para generar reflexión y una actitud más crítica en la sociedad en general. Por un lado sirve a los 18 miembros de la compañía a tener un proceso interno, pero el impacto social real tiene que ver con lo que genera en el espectador y cómo cambia al espectador que se pasa cinco horas entrando y saliendo de una cárcel para ver una obra de teatro... y lo que ese espectador puede generar afuera", dijo.

La Compañía de Teatro de la Penitenciaría del Distrito Federal pone en el foco de atención en las prisiones de México, un aspecto poco halagador del país, donde el hacinamiento, la reclusión de acusados que no han sido sentenciados o que no cometieron el crimen que se les imputa, la venta y el consumo de drogas, las fugas, los motines y los homicidios son denominadores comunes.

Como muestra, la Secretaría de Seguridad Pública señala que la capacidad en los 10 centros penitenciarios en la Ciudad de México es de 22.324 presos, prácticamente la mitad de los que afirma tener la ciudad. Por eso, el estado de las cárceles locales ha sido condenado en múltiples ocasiones por organismos internacionales que incluyen a las Naciones Unidas y Amnistía Internacional, más recientemente en marzo y mayo de este año.

Según cifras de la SSP divulgadas en julio, el sistema penitenciario del país tiene 238.269 internos. En el Distrito Federal la población es de 42.100 presos, según datos de la Ciudad de México, por mucho la mayor población carcelaria de país, seguida por el Estado de México con 18.048 internos.

El público que va a ver "Ricardo III" está acostumbrado a imágenes de decapitados, a presentaciones de los narcotraficantes ante la prensa y a la exigencia de que los metan a la cárcel.

"Tuvimos que estudiar la situación política del país para decir: '¿Qué vamos a hacer en un país donde están matando gente y donde vamos a trabajar con gente que ha matado gente? ¿Qué vamos a hacer con gente como, se puso de moda la palabra sicario, con un sicario?''', dijo Sierra. "Incluso nos hacíamos muchos cuestionamientos éticos: '¿Qué significa en un país de violencia darle voz a alguien que ha ejercido la violencia en ese nivel?'''.

El contacto con los presos llevó a Marta a comprender mejor por qué existe un fenómeno tan grande como el del narcotráfico y la delincuencia en el país.

"El crimen organizado empieza en núcleos familiares, tus primos, tu cuñado, tu amigo. ¿Tú quieres empezar a desmantelar una banda del crimen organizado? Entonces tienes que empezar por las estructuras familiares. Eso quiere decir que las familias están buscando trabajo... básicamente darles opciones económicas", dijo la directora.

"Nosotros lo tenemos tan claro que decimos que el teatro tiene que convertirse en una opción económica, porque si no un extorsionador no va a dejar de extorsionar por hacer teatro", añadió. "Le tienes que plantear a los ciudadanos cómo generar recursos".

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En internet:

http://foroshakespeare.com/