Pese a que el éxito le llegó gracias a novelas como las que integran "La Trilogía de Nueva York", Paul Auster se adentró en la literatura a través de la poesía con tan solo nueve años, cuando empezó a componer unos versos "atroces" pero con los que aprendió "a disfrutar de escribir".

"Cuando tenía ocho años mi madre me dio un montón de libros de Robert Louis Stevenson, pero sus historias y novelas eran demasiado complejas para mí", recuerda el escritor estadounidense durante una entrevista con Efe en su casa del barrio neoyorquino de Brooklyn, escenario de múltiples de sus narraciones.

Sin embargo, entre esos libros descubrió "A Child's Garden of Verses", escrito desde el punto de vista de un niño y que le marcó al convertirse en el primer libro de poesía que leyó, detalla con una memoria inquebrantable mientras da otra calada a uno de sus interminables puritos.

"Quise hacer algo parecido y aunque mis poemas eran absolutamente atroces, lo más malo que cualquiera pueda llegar a hacer, con ellos descubrí el placer de escribir, el sentimiento que me produjo fue de estar conectado con el mundo de una forma en la que no lo estaba cuando no escribía", explica.

Poco a poco fue desarrollando el estilo que plasmaría a los veinte años en poemarios como "Radios" (1970), "Exhumación" (1970-1972), "Escritura Mural" (1971-1975) o "Aceptando las consecuencias" (1978-1979), en los que ya están presentes temáticas tan "austerianas" como el azar, el lenguaje o los muros tanto interiores como exteriores.

"Traté de trabajar con lo mínimo posible, me hice una demanda espiritual a mí mismo de eliminar todo lo que pudiera. En ellos no hay automóviles, no hay teléfonos, no hay aviones, no hay nada que tenga que ver con la vida contemporánea. Son todo paisajes y estados internos", relata.

Ahora su "Poesía completa" ha sido reunida por primera vez en español por la editorial Seix Barral, en una edición bilingüe con traducción y prólogo de Jordi Ponce que trata de dar a conocer una de las facetas menos conocidas de Auster, también novelista, traductor, guionista e incluso director de cine.

"Puede ser lo mejor que he escrito. Hay algo tan puro en estos poemas cuando los miro ahora... Realmente son el producto de un esfuerzo supremo de articular cosas que no pueden ser articuladas", dice el autor, quien reconoce que el paso del tiempo le ha permitido "mirarlos con una cierta distancia".

No ocurre lo mismo con sus celebradas novelas, como "La ciudad de cristal" (1985), que integra junto a "Fantasmas" (1986) y "La habitación cerrada" (1986) su reconocida trilogía de Nueva York, de las que afirma que le producen "un sentimiento de asco y decepción, incluso horror".

Pese a ello, Auster, nacido en Newark (Nueva Jersey) el 3 de febrero de 1947 en el seno de una familia judía de origen centroeuropeo, dejó de escribir poesía hacia los treinta años al sentir "como si hubiera explorado ese territorio y no pudiera encontrar nada más en él".

Habría de pasar todo un año hasta que volviera a tomar el bolígrafo inspirado por un espectáculo de danza, pero esta vez abandonando para siempre la poesía y volcándose en las novelas que no había logrado completar durante su adolescencia, cuando escribió cientos de páginas sin terminar un solo libro.

Y si bien ahora su creación es distinta a entonces, el "acercamiento es igual", puesto que a su juicio "todo está en la música".

"Hay un ritmo en una frase, en un párrafo y en un libro. Creo que cada vez que he empezado a escribir he escuchado esta música en mi cabeza, sabía cómo quería sonar, no sabía cómo alcanzarlo pero tenía esta cadencia, ritmo, melodía ...", afirma.

Para plasmar mejor esa "música", el estadounidense escribe siempre sobre papel para pasar después sus manuscritos a máquina - "escribí, recuerda, un par de guiones en el ordenador y lo odié"-, y también prefiere el papel en lugar de la pantalla de un lector electrónico para leer.

"¿Por qué querría alguien leer poesía en una pantalla?", se pregunta mientras se acerca el libro de su "Poesía completa", inspirando profundamente con los ojos cerrados. Y bromea: "Además lo puedes poner en la estantería, sirve para la decoración de interiores".

El escritor, Premio Príncipe de Asturias de las Letras (2006), un galardón que este año recae sobre el también estadounidense y residente en Nueva York Philip Roth, también toma partido en la batalla política que se libra el próximo 6 de noviembre en las elecciones presidenciales de su país, unos comicios que a su juicio tienen algo de "urgente".

"Estamos atravesando un momento de gran división en Estados Unidos, incluso más que en los años 60, y eso que entonces estábamos totalmente divididos por la guerra de Vietnam", subraya Auster, para quien "la derecha se ha vuelto tan poderosa" que "pone en peligro la sociedad civilizada en la que todos los demás queremos vivir".

Así, confía en que el presidente Barack Obama consiga imponerse ante el aspirante del Partido Republicano, Mitt Romney, a quien califica como "un hombre hueco, muy ambicioso pero que no tiene nada que ofrecer a nadie".

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