Incluso antes de que el autobús se detuviera, las mujeres se levantan de sus asientes y esperan en el pasillo para salir. En sus brazos llevan banderas enrolladas de los países centroamericanos de donde provienen. Grandes fotografías laminadas de sus seres queridos cuelgan de su cuello con cordones.

Descienden las escalerillas frente a un grupo de fotógrafos de prensa que las esperan. Este es su momento de esperanza, que vuelve a agitar la posibilidad de terminar varios años de incertidumbre y desesperación.

Alguien quizás pudo haber visto al hijo o al padre desaparecidos cuando viajaban hacia Estados Unidos en busca de trabajo. Alguien posiblemente sabe que su hija está bien.

El objetivo es venir a buscarlos, dijo Virginia Olcot, de 42 años y procedente de Chimaltenango, Guatemala. Olcot supo por última vez de su marido en septiembre de 2009 cuando llegó a la frontera del estado noroccidental de Sonora con Estados Unidos. La intención es no cansarse, sino perserverar y lograr que el gobierno ayude, expresó.

Este es su tercer viaje con esta caravana de mujeres, que por seis años consecutivos han viajado desde Centroamérica a varios puntos de México en busca de sus parientes que han desaparecido en su camino hacia el norte. En caso de no hallar a sus seres queridos, tienen al menos la esperanza de que llamar la atención al suplicio de los migrantes que han desaparecido en México.

La organización que patrocina el viaje considera que, con base en informes de grupos independientes, unos 70.000 migrantes centroamericanos han desaparecido en los últimos seis años. Algunos han sido hallados en las circunstancias más crueles: cientos de posibles migrantes fueron encontrados asesinados en la comunidad de San Fernando en el nororiental estado de Tamaulipas que colinda con Estados Unidos: Primero fueron 72, en su mayoría centroamericanos masacrados en una finca en 2010, y casi 200 cadáveres, algunos mexicanos, hallados en fosas clandestinas unos seis meses después.