El Ejército libanés ha conseguido restablecer hoy la calma en la mayoría de las regiones del país, pero la inestabilidad persiste en la ciudad septentrional de Trípoli, donde continúan los disparos de francotiradores en algunos barrios.

Según medios de comunicación libaneses, los choques entre los vecinos de los barrios de Bab al Tebaneh, de mayoría suní, y los de Yabal Mohsen, de predominio alauí (chií), prosiguieron de madrugada, aunque cesaron por la mañana.

La violencia se había extendido a otros distritos cercanos de mayoría suní como los de Harat Berranieh, Al Bakkar, Kobbe, Rifa, Manjibin y Malula, cuyos residentes se enfrentaron ayer a los de Yabal Mohsen, de credo alauí, al igual que el presidente sirio, Bachar al Asad.

Entretanto, la tranquilidad ha vuelto hoy a Beirut, donde unidades móviles y fijas del Ejército, apoyadas por tanques y otros vehículos militares, han establecido controles en las principales arterias de la capital, escenario ayer de choques.

Las Fuerzas Armadas han advertido de que reprimirán cualquier intento de desestabilización del país y ha afirmado que la seguridad es una "línea roja".

Mientras, la oposición, que exige la dimisión del Gobierno de Nayib Mikati, mantiene sentadas frente a la sede del Ejecutivo en Beirut y cerca de la casa del primer ministro en Trípoli.

La oposición acusa al Gabinete de Mikati de encubrir al régimen sirio, que considera que está detrás de la muerte del jefe de la Inteligencia de la Policía libanesa, general Wisam al Hasan, asesinado el viernes pasado en un atentado con coche bomba en la capital.

El atentado -que causó también la muerte de otras dos personas y heridas a 126- ha exacerbado la tensión en el Líbano, dividido en partidarios y detractores del régimen del presidente sirio, Bachar al Asad.

Durante la jornada de ayer, ocho personas murieron y decenas resultaron heridas en todo el país durante los disturbios.