Al menos cinco personas han muerto y varios cientos de que casas han sido destruidas en la región oeste de Birmania (Myanmar) a causa del rebrote de la violencia sectaria que arrancó el pasado junio, informó hoy el diario Irrawaddy.

Los disturbios empezaron de nuevo el pasado domingo en diversas aldeas del estado Rakhine, donde durante estos últimos meses ha persistido la tensión entre las comunidades musulmana y budista que habitan en esta región colindante con Bangladesh.

La mayoría de los enfrentamientos se produjeron entre musulmanes y budistas provistos de armas blancas como machetes y cuchillos en aldeas del distrito de Mrauk Oo, indicaron funcionarios locales al citado medio.

Según la Policía, al menos una decena de personas resultaron heridas y un pequeño monasterio budista y unas 300 viviendas, la mayoría de madera y hojalata, fueron incendiadas.

El portavoz del Gobierno central para los asuntos en el estado Rakhine, Hla Thein, dijo a la radio estatal que las fuerzas de seguridad habían restablecido el orden y que tenía la situación bajo control.

La Policía señaló que desconocía de momento el motivo por el que estallaron de nuevo los disturbios dado que musulmanes y budistas cuentan diferentes versiones y atribuyen la culpa al otro bando.

Unas 80 personas murieron y cerca de 100.000 fueron obligadas a desplazarse a raíz de los enfrentamientos sectarios librados ocurridos el pasado junio entre los habitantes de la etnia rohingya, de credo musulmán, y la población autóctona de Rakhine, de religión budista.

El detonante de aquella primera ola de violencia, durante la que también fueron destruidas 2.230 casas, fue el hallazgo del cadáver de una mujer budista violada y asesinada por tres musulmanes el pasado 28 de mayo.

Unos 800.000 musulmanes de la etnia rohingya habitan en Birmania, la mayoría en Rakhine, aunque las autoridades de este país de mayoría budista no les reconocen la ciudadanía y mantienen que proceden de la vecina Bangladesh.

Esta comunidad apátrida tampoco es reconocida en Bangladesh, donde unos 300.000 rohingya se encuentran hacinados en campos de refugiados.