La organización terrorista al-Qaida, cuyos atentados del 11 de septiembre de 2001 llevaron a Estados Unidos a su guerra más prolongada, intenta encumbrarse nuevamente en las montañas orientales de Afganistán a medida que las fuerzas aliadas aminoran sus operaciones de combate.

Ello preocupa a los comandantes estadounidenses, que en los últimos meses han intensificado sus ataques contra las células de al-Qaida. También resta credibilidad a las afirmaciones del presidente Barack Obama de que al-Qaida ha dejado de ser un peligro en Afganistán en momentos en que han comenzado a replegarse las fuerzas occidentales.

Cuando visitó Afganistán en mayo con motivo del primer aniversario de la muerte de Osama bin Laden a manos de un comando naval estadounidense, Obama dijo que su gobierno había cambiado el curso de la guerra. "El objetivo que marqué — derrotar a al-Qaida, y negarle la oportunidad de reconstruirse — está al alcance de la mano", afirmó.

Empero, parece que una debilitada al-Qaida ha logrado mantener cierta capacidad de regeneración en Afganistán a medida que merma la influencia de Estados Unidos en el país. Los últimos soldados estadounidenses abandonarán la zona el 31 de diciembre del 2014, cuando el tema de la seguridad será responsabilidad plena del gobierno afgano.

"Intentan incrementar su número y aprovechar la retirada de los estadounidenses", dijo el jefe de policía de la provincia de Paktika, el general Dawlat Jan Zadran, en una entrevista concedida este mes en un recinto gubernamental. No mencionó cifras, pero dijo que al-Qaida ha traído más armas de Pakistán.

Durante años, el principal objetivo de las fuerzas encabezadas por Estados Unidos ha sido el Talibán, regentes de Afganistán y protectores de al-Qaida antes de la invasión aliada hace 11 años. Empero, el objetivo estratégico es evitar que al-Qaida vuelva a refugiarse en Afganistán para atacar a Estados Unidos.

El liderazgo de al-Qaida huyó a fines del 2001 al vecino Pakistán, donde permanece.

El grupo sigue activo en Afganistán, donde combate a las fuerzas estadounidenses, difunde mensajes extremistas, recauda fondos, recluta a jóvenes afganos y aporta asesoría militar al Talibán y otros grupos radicales.

El general estadounidense John Allen, comandante de las fuerzas internacionales en Afganistán, dijo que al-Qaida ha reaparecido, y aunque su número es reducido, considera que el grupo no necesita una presencia cuantiosa para ser influyente.

Los funcionarios estadounidenses dijeron que están decididos, incluso cuando terminen las misiones de combate en el 2014, a hacer lo necesario para impedir un repunte importante. Por ejemplo, los estadounidenses tienen disponibles fuerzas de operaciones especiales para contener por largo tiempo la presencia de al-Qaida en Afganistán.

"Al-Qaida podría tratar de reconstruirse, pero lo hará bajo su propio riesgo debido a la intensa presión que ellos y otros grupos terroristas enfrentan en Afganistán", dijo el sábado el secretario de prensa del Pentágono George Little.

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El redactor de Associated Press Amir Shah contribuyó a este despacho.

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