En medio del tañido de campanas y bajo un arco triunfante de espadas desenvainadas formado por los soldados, el príncipe Guillermo de Luxemburgo y la condesa belga Estefanía de Lannoy salieron sonrientes el sábado tras contraer nupcias en la pequeña Catedral de Nuestra Señora, culminando dos días de celebraciones.

Les esperaba el público, entre admiradores y curiosos, que se congregó con motivo de las nupcias reales, y formó filas para admirar poco después los fuegos artificiales, en unas calles que lucían excepcionalmente pulcras en las cercanías de la catedral de este pequeño ducado. La multitud aclamó a la pareja de recién casados cuando salió radiante, y algo vacilante se dio un beso en el balcón del palacio cubierto por una alfombra roja.

Numerosas personalidades asistieron a la ceremonia religiosa del príncipe Guillermo y la condesa belga, que siguió a la boda civil efectuada en la víspera en el Ayuntamiento de Luxemburgo. Guillermo, de 30 años, es heredero del trono y futuro gran duque de Luxemburgo.

El novio, que lucía barba, y su novia rubia, de 28 años, fueron acompañados por una estela de miembros de otras familias reales, como la reina Beatriz de Holanda; la princesa Victoria y el príncipe Daniel de Suecia; el príncipe Naruhito de Japón y el príncipe Eduardo de Gran Bretaña — el hijo menor de la reina Isabel — y su esposa Sofía.

Para el banquete nupcial, de 800 invitados, la chef Lea Linster, ganadora del galardón Bocuse d'Or, preparó un bufé combinado con platillos de cerdo marinado estilo Riesling y pate de ternera, langosta en sopa con caldo espeso, corvina con exterior salado y relleno de tomillo. Entre los postres había pasteles Madeleine, pasta choux a la creme y crema brulé.

Estafanía tiene intención de renunciar a su ciudadanía belga para algún día convertirse en la gran duquesa de Luxemburgo. Este pequeño país, ubicado entre Francia, Bélgica y Alemania, es un importante centro financiero y preserva su prosperidad a pesar de las dificultades económicas de Europa.

Estefanía lució un vestido de encaje de Elie Saab con cola de cinco metros (16,4 pies) durante la ceremonia, que se efectuó en francés, alemán y luxemburgués. Comenzó con un minuto de silencio en honor de la madre de Estefanía, la fallecida condesa Alicia de Lannoy.

La boda real dio a la pequeña Luxemburgo — integrante fundadora de la predecesora de la Unión Europea — un momento extraordinario de atención en el ámbito internacional.

Con una población de apenas más de 500.000 habitantes, este ducado trilingüe es más importante de lo que parece.

Además de ser un centro financiero de relevancia, es sede del tercer fabricante acerero más grande del mundo y tiene el segundo producto interno bruto per cápita más alto del mundo, de más de 80.000 dólares.