La emperatriz de Japón, Michiko, recordó hoy, en su 78 cumpleaños, a las víctimas del devastador tsunami del año pasado en su país y expresó su esperanza de que mejoren las condiciones de los desplazados y también de los operarios que aún trabajan en la accidentada central de Fukushima.

En referencia a quienes residen en las zonas cercanas al desastre nuclear desencadenado en marzo de 2011, la anciana emperatriz expresó su "sincero deseo de que reciban la información más precisa posible para que sus vidas sean más seguras y más estables".

"Estoy segura de que la aprensión y preocupación de la gente de Fukushima y las zonas cercanas, que deben vivir bajo los invisibles efectos de la radiactividad, son imposibles de imaginar para quienes vivimos en otro lugar", indicó Michiko, en respuesta por escrito a las preguntas de varios periodistas con motivo de su cumpleaños.

Sobre la salud de su esposo, el emperador Akihito, que en febrero fue sometido a una operación de baipás, la emperatriz recordó hoy la preocupación vivida por su hospitalización y su agradecimiento a los médicos por el resultado positivo de la intervención.

Agregó que, en la actualidad, se ve a sí misma y al emperador, que en diciembre cumplirá 79 años, "capaces de continuar (sus labores representativas) como antes, sin demasiados cambios", según la entrevista escrita, difundida por la Agencia de la Casa Imperial nipona.

En el último año la emperatriz Michiko ha llevado a cabo una intensa agenda que ha incluido su intervención en más de 280 actos.

Uno de los más recientes tuvo lugar hace una semana, cuando la pareja de emperadores viajó a un municipio de la provincia de Fukushima para visitar a sus residentes y comprobar los avances en las tareas de descontaminación.

Nacida en 1934 en una rica familia de industriales de Tokio, Michiko conoció en 1957 a Akihito, entonces príncipe heredero, durante un partido de tenis en un exclusivo centro de montaña en Karuizawa, a unos 150 kilómetros al noroeste de la capital.

Su romance fue contemplado por recelo por la hermética aristocracia nipona y los más conservadores de la Corte, lo que no impidió que ambos contrajeran matrimonio en 1959 y ella se convirtiera así en la primera plebeya en ascender al Trono del Crisantemo.

Akihito y Michiko fueron coronados en 1989, tras el fallecimiento del emperador Hirohito.