Un policía afgano y un cocinero envenenaron a sus compañeros en un puesto de control, en un ataque coordinado con insurgentes, que dejó seis muertos en el sur del país, informaron funcionarios el sábado.

Fue el más reciente en una serie de ataques perpetrados desde el interior de la policía y el ejército afgano. Esos atentados internos amenazan con debilitar tanto la relación con las tropas internacionales — que han sido blanco de muchos ataques — como la moral de las fuerzas de Afganistán, que han sufrido grandes pérdidas por tales actos.

El agente y el cocinero colaboraron con insurgentes externos en el atentado contra policías asignados al puesto de control del distrito Gereskh, en la provincia de Helmand, indicó la oficina del gobernador a través de un comunicado.

Ambos envenenaron a dos de los policías antes de que los combatientes atacaran desde el exterior y mataran a los cuatro policías restantes, dijo el portavoz provincial Ahmad Zirak. No explicó cómo fueron envenenados los agentes. El policía fue capturado mientras huía, pero el cocinero logró escapar y sigue prófugo, agregó Zirak.

Los insurgentes huyeron en motocicletas con armas y municiones, señaló el comunicado del gobernador.

Un reciente aumento en el número de ataques cometidos por soldados o policías afganos — o insurgentes disfrazados — contra tropas de la coalición ha deteriorado aún más el respaldo público en Occidente a la guerra. En lo que va del año, al menos 52 soldados extranjeros — cerca de la mitad estadounidenses — han muerto en ataques internos.

El gobierno afgano no ha proporcionado estadísticas sobre la cifra de efectivos de sus fuerzas muertos por tales atentados. Sin embargo, estadísticas de las fuerzas militares de Estados Unidos obtenidas por The Associated Press muestran que al menos 53 miembros de las fuerzas de seguridad de Afganistán murieron desde enero hasta finales de agosto.

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Vogt reportó desde Kabul, afganistán. El periodista de The Associated Press Rahim Faiez contribuyó con este despacho desde Kabul.