Un año después de que la banda terrorista ETA abandonase la lucha armada, nadie piensa que pueda retomar el camino de la violencia y el País Vasco concentra toda su atención en una crisis económica que tardó en llegar, pero se está haciendo sentir con fuerza.

La ETA, sin embargo, no se ha disuelto ni ha entregado sus armas y amplios sectores le reclaman que lo haga para completar su inserción a la democracia.

El País Vasco jamás olvidará el 20 de octubre del 2011, cuando escuchó algo que venía esperando desde hacía décadas. ETA, golpeada por el acoso policial y judicial, consciente de la fatiga que reinaba en la sociedad vasca -incluso en su base-, anunció en un comunicado el "cese definitivo de la actividad armada".

Atrás quedaban 858 asesinatos, miles de heridos y numerosos secuestros. Hoy, la violencia de la ETA es algo del pasado y el País Vasco se enfoca en hacer frente a la crisis económica y el empuje del movimiento independentista de Cataluña, que pueden influir en su próximo devenir.

"Fue sólo un año, pero parece que ha pasado un siglo. La sociedad vasca se ha olvidado de ETA y ahora está en otra órbita, dominada por la recesión", dice Pello Salaburu, ex rector de la Universidad del País Vasco (UPV) y analista político. "ETA no va a volver a actuar, porque no puede y porque la organización ha descubierto que se vive mejor así".

"ETA era consciente de que la lucha armada acababa con su propio proyecto político. Acaba de empezar un nuevo tiempo y hay que hacerlo irreversible, aunque la banda no parece encaminada a disolverse, desgraciadamente", dice Joseba Aurrekoetxea, miembro de la dirección del Partido Nacionalista Vasco (PNV), formación a la que todos los sondeos dan ganadora de los comicios del domingo 21 de octubre en esta región autónoma.

En el último año, la justicia española ha permitido el regreso de la 'izquierda abertzale' -sector político independentista próximo a ETA- a las instituciones y procesos electorales tras renegar de la violencia, al tiempo que el gobierno de Mariano Rajoy ha apostado por la denominada 'vía Nanclares', una política aplicable a los presos de ETA y por la cual los terroristas que se arrepientan y pidan perdón a sus víctimas podrán acogerse a beneficios penitenciarios.

"Estamos tocando la paz, pero aún queda mucho camino para alcanzar la libertad", sostuvo la diputada del Partido Popular Marimar Blanco, hermana del concejal asesinado por la ETA Miguel Angel Blanco, cuya muerte produjo un rechazo generalizado de la ETA y de su brazo político Batasuna en 1979. "ETA debe disolverse, entregar las armas, reconocer el daño causado y pedir perdón a víctimas y sociedad", subraya la legisladora.

Los distintos sectores pugnan por imponer su visión de cinco décadas de violencia.

"No se puede partir de cero, como en la Transición española, porque aquí no ha habido una lucha entre dos bandos, sino que hemos sido los mismos los que hemos recibido las amenazas, las extorsiones y la muerte. Tenemos que tener presentes los principios de memoria, dignidad, verdad y justicia", argumenta Marimar Blanco.

El Partido Socialista de Euskadi (País Vasco), que ha presidido el Gobierno vasco en la última legislatura, afirma en su plataforma que el final del terrorismo de ETA es "consecuencia de su debilidad" y ha dado paso a un "complicado" proceso de paz que "nos tiene que llevar a la disolución de ETA, con entrega de las armas, a la reinserción social de los presos y a la concordia cívica final".

Los socialistas defienden un "reconocimiento a la memoria de las víctimas del terrorismo" que evite la "amnesia colectiva que el mundo abertzale pretende trasladar a la ciudadanía".

La coalición nacionalista EH Bildu considera "fundamental" el "reconocimiento y reparación" para con "todas las víctimas" y propone "una paz sin perdedores".

"Creo que al final prevalecerá un relato que dejará claro que aquí hubo un grupo de gente que trató de imponer su visión a costa de lo que fuese. Una parte de la sociedad les apoyó, otra lo sufrió y otra no hizo nada", explica el analista Salaburu, para quien el terrorismo extendió una cultura del miedo "similar a la de la mafia".

"Sigue habiendo miedo a expresarse. Es algo muy arraigado y muy entendible, porque el miedo es libre y ninguno somos héroes. Tardará tiempo en desaparecer", agregó.

La entrega de las armas y la revisión histórica, sin embargo, no son el tema dominante del momento porque las crisis económica de los últimos años finalmente llegó al País Vasco, que estaba más volcado a la apertura internacional y menos a la construcción inmobiliaria, el gran motor de esa debacle. La tasa de desempleo es del 12%, mientras que la media española es del 25%. No obstante, las consecuencias se están haciendo sentir y el sector industrial tradicional corre grave riesgo de estancarse.

"La crisis lo tapa todo. Hay una desazón tremenda entre la sociedad y esto puede producir que todo lo que no tenga que ver con la economía quede en segundo plano", dice Salaburu en alusión a la importancia de la voz de las víctimas en la narración final de la violencia.

Por otra parte, el empuje del movimiento independentista en Cataluña también puede influir en la política vasca. "En el momento en que haya problemas, esa tendencia catalana va a influir y generará un efecto de arrastre. También lo que pase en Gran Bretaña. El acuerdo y el clima entre Londres y Glasgow para el referéndum de independencia en Escocia contrasta con la actitud de muchos ministros españoles. Y eso puede provocar un aumento del independentismo", añade el ex rector de la UPV.

La realidad social vasca "está descompensada a favor del nacionalismo", acota Salaburu.

"Buscamos un acuerdo integrador de amplio consenso, primero aquí, y luego en el resto de instituciones. Nosotros tenemos nuestro camino y Cataluña el suyo. Lo que esperamos es que el Estado respete lo que la ciudadanía opine", defiende Aurrekoetxea, del PNV.

Desde EH Bildu se apuesta por "el derecho de Euskal Herria (País Vasco) como nación a decidir su futuro".

"Lo único que ofrece el PNV es independentismo y eso sólo trae más imposición de los nacionalistas", aduce Marimar Blanco al expresar su apoyo a la Constitución y el actual Estatuto de Autonomía. La plataforma del PSE también rechaza la independencia: "Los socialistas vascos defendemos una Euskadi (País Vasco) real, de gentes diversas. La unión de Euskadi no puede construirse sobre el proyecto de independencia que nos separa y divide, que rompe el pacto entre diferentes".