Un cuarto de siglo después de que un huracán llamado "lunes negro" arrasara los mercados de valores de todo el mundo y la bolsa de Nueva York viviera la que hasta hoy en día sigue siendo la peor jornada de su historia, Wall Street teme que una sangría similar sea "inevitable".

"Los desplomes son una característica inevitable del mundo de la inversión porque todos los mercados, en mayor o menor medida, están dominados por sus grandes inversores", dice Mark Hulbert, del portal de información financiera Market Watch, en base al estudio "Teoría de grandes fluctuaciones en la actividad del mercado de valores".

El informe, elaborado entre otros por el profesor de la Universidad de Nueva York Xavier Gabaix, afirma que cuando esos inversores venden en masa arrastran consigo al conjunto del mercado y predice que una caída de al menos el 20 % en un solo día ocurre de media cada 104 años, aunque se puede producir en cualquier momento.

Esas previsiones hacen temblar a los inversores neoyorquinos a un día para que se cumpla el veinticinco aniversario del "lunes negro", el 19 de octubre de 1987, cuando el Dow Jones de Industriales, el índice de referencia del parqué neoyorquino, se desplomó 508 puntos o un 22,6 % hasta quedar en las 1.738,74 unidades.

Una caída de una magnitud similar equivaldría hoy en día a restar más de 3.000 puntos a ese indicador y preocupa especialmente cuando se recuerda que el Dow Jones se encuentra actualmente solo a cuatro puntos porcentuales de su máximo histórico, las 14.164,53 unidades a las que cerró el 9 de octubre de 2007.

"Nos estamos mintiendo a nosotros mismos si creemos que las reformas regulatorias como los 'interruptores automáticos' (el sistema que restringe los precios a los que se puede vender en corto o al descubierto una acción con el fin de evitar movimientos especulativos) van a ser capaces de prevenirlo", advierte Hulbert.

El crack del 87 o "lunes negro" borró de un plumazo medio billón de dólares de Wall Street y superó incluso la caída del 12,8 % que sufrió el Dow Jones el 28 de octubre de 1929, considerada como el inicio de la Gran Depresión, aunque aquella estuvo seguida un día después por otro desplome del 11,7 %.

El "lunes negro" tuvo su prólogo el viernes precedente, cuando el Dow Jones se dejó el 4,6 % ó 108 puntos en medio de un clima de temor a una devaluación del dólar, pero nadie imaginaba entonces que en la próxima sesión bursátil el pánico cundiría en Wall Street y que ese índice se desplomaría 508 puntos.

El crack del 87 incluso pilló desprevenido a Alan Greenspan, que hacía dos meses había sido nombrado presidente de la Reserva Federal (banco central) de EE.UU. y que ese lunes volaba a Dallas (Texas) para acudir al día siguiente a una reunión de la Asociación de Banqueros Estadounidenses.

Cuando aterrizó, Greenspan preguntó qué había pasado con la bolsa y un ayudante le dijo que había bajado "cinco, cero, ocho". El presidente de la Fed se mostró satisfecho porque entendió que solo había caído 5,08 puntos, pero la cara del asesor le reveló que en realidad había caído 508 puntos, según recuerda en su libro "La era de la turbulencia".

"Puede que las reformas regulatorias que se han puesto en marcha desde entonces no puedan prevenir totalmente que ocurra algo parecido de nuevo, pero definitivamente pueden evitar que las cosas lleguen tan alto y lograr que la caída sea menor", dijo a Efe el profesor de la Universidad de Cornell Robert Hockett.

Hockett recuerda que en 1987 los programas automáticos de inversión provocaron un efecto "bola de nieve", puesto que lanzaban órdenes de venta de forma automática cuando los precios de las acciones llegaban a un punto determinado, un problema que a juicio del economista sí que ha sido resuelto con mecanismos como los "interruptores automáticos".

"No es que ahora seamos incapaces de sufrir desplomes, booms o burbujas, pero sí que hemos empezado a darnos cuenta de que es importante poner atención a los factores procíclicos", añade el economista, que en cualquier caso alerta de que la crisis de deuda europea y los problemas fiscales sin resolver en EE.UU. suponen un "peligro sustancial" de que un "lunes negro" se pueda repetir.

Teresa de Miguel