El pintor francés Paul Gauguin, que en su huida del agobio de la civilización y su búsqueda del "exotismo" recaló en Panamá a finales del siglo XIX, regresa a este país después de 125 años, en una exposición dedicada a su figura.

La exhibición "Paul Gauguin, el sueño de Panamá" abrirá sus puertas el próximo 7 de diciembre hasta el 10 de marzo en el Museo del Canal Interoceánico, en el Casco Antiguo de la capital, en lo que será la primera muestra de su tipo en Panamá y en Centroamérica.

Lo "extraordinario" de la exposición radica en que, por primera vez en la historia museográfica del país, todas las obras que se mostrarán son "originales", explicó hoy en rueda de prensa la directora de la institución, Ángeles Ramos Baquero.

El público podrá apreciar seis pinturas al óleo sobre tela, ocho grabados, un dibujo, una cerámica, cinco cartas manuscritas que el pintor postimpresionista francés escribió durante su estancia en Panamá, además de 13 fotografías de la época.

¿Cuáles son las obras? Habrá que esperar hasta el 7 de diciembre para descubrirlo, "es parte del misterio" del paso de Gauguin por Panamá, una de las etapas menos investigadas de su vida pero que, sin duda, lo marcó, explicó Ramos Baquero.

"No se conoce y no hemos podido encontrar ninguna obra que sepamos o tengamos certeza de que la hizo en Panamá", pero lo que sí es un hecho es que su paso por el país tuvo un "impacto en la transformación de su obra", afirmó la directora y curadora en Jefe del Museo del Canal.

Para el embajador francés, Hugues Goisbault, la exhibición "es más especial, ya que el propio pintor se alojó en Panamá, donde descubrió la belleza de la vida tropical".

"Sueño, fantasma, realidad (...) sí es posible tener" una exposición de esta magnitud en Panamá, "para ver los originales, únicos", lo que convierte al Museo del Canal en una nueva "referencia mundial", declaró el diplomático.

Las pinturas, cartas, grabados, fotografías y las cartas que Gauguin escribió a su esposa Mette-Sophie Gad cuando estuvo en Panamá, han sido prestadas por museos europeos y por coleccionistas privados, y algunas nunca han sido exhibidas en público.

El traslado de las obras así como su permanencia en el Museo del Canal han supuesto un exhaustivo trabajo de preparación y adaptación tecnológica y de seguridad que han permitido a la institución insertarse de lleno en el siglo XXI, añadió la directora.

La exhibición, que ha sido organizada por el Museo del Canal y la Embajada de Francia, incluye además dos pinturas del francés Charles Laval, quien acompañó a Gauguin en su aventura panameña, a donde llegó el 10 de abril de 1887 para permanecer unas cinco semanas.

El postimpresionista Paul Gauguin (1848-1903), es uno de los artistas más célebres pero también más polémicos y aún escandalosos por su estilo de vida.

Nacido en París, pasó algunos años de su niñez en Perú, de donde procedían su familia por vía materna, y desde muy temprano sintió una enorme atracción por los horizontes más lejanos.

Siendo adolescente se enroló en la marina mercante y luego en la Armada antes de volver a Francia, trabajar en la Bolsa de París y casarse con una danesa, Mette-Sophie, de la que tendría cinco hijos mientras se interesaba cada vez más por el arte, hacía amistad con otros artistas como Pissarro y comenzaba a pintar.

En 1884 se trasladó con su familia a Copenhague, donde siguió con cierto éxito su carrera de corredor de bolsa, hasta que decidió regresar a París, esta vez sin su familia.

Un cuñado suyo le propuso establecer una casa de cambio en Panamá, proyecto que no se realizó, pero que germinó en él la idea de un viaje a América, que hizo en abril 1887, sin dinero y sin saber qué iba a hacer en realidad, pero con el objetivo de "huir de París", como le escribió a su mujer.

"Sé de un lugar en el mar de Panamá, una isla pequeña del Pacífico (Taboga), casi deshabitada, libre y fértil. Cogeré mis pinceles y me hundiré en la sombra, lejos de la ciudad", le escribió, y convenció a su amigo, el pintor Charles Laval, para realizar juntos el viaje.

Ya en Panamá, hambriento y sin dinero, no tuvo otra opción que emplearse como peón de pico y pala en la excavación del Canal, un trabajo duro de sol a sol, con un calor endemoniado en una zona infestada de mosquitos, en un proyecto que a la postre fracasaría.

Frustrado por el giro que habían tomado los acontecimientos e irritado por episodios como cuando fue detenido y esposado por haberse orinado en un lugar público en la ciudad de Panamá, Gauguin acabó contrayendo unas fiebres, para marcharse a Martinica cuando se encontró recuperado.

En Panamá y Martinica entró en contacto por primera vez con el exotismo que caracterizaría su pintura, y fue en esta etapa en la que pintó los primeros cuadros que le harían popular, en los que el hombre y la naturaleza se confunden.

Tras separarse de su esposa, Gauguin viajó a Tahití en 1891 en busca de un paraíso exótico, influido por las lecturas de Pierre Loti, y allí y luego en sus largas estancias en las islas Marquesas, donde murió, pudo dar rienda suelta a su sexualidad, libre de ataduras y convenciones sociales.

El hecho de que tuviese como amantes a tres muchachas de entre trece y catorce años, y que supuestamente las infectase, como a muchas otras mujeres, con la sífilis que se le había diagnosticado y que finalmente lo llevó a la muerte, explica el rechazo que muchos, aun hoy, sienten hacia su persona incluso cuando admiren su arte.

Al igual que su amigo Van Gogh, Gauguin es un artista que sigue ejerciendo una enorme fascinación sobre el gran público no sólo como creador de imágenes inmediatamente reconocibles sino por su realmente extraordinaria biografía de genio romántico y bohemio.